Cocaína y hachís

Bruno, un narcotraficante conocido como James Bond porque a los gramos de cocaína que vendía a 50 euros les restaba 0.07 gramos, había quedado en el parque de los drogatas con un camello marroquí, a quien todos llamaban Canuto, para intercambiar un gramo de farlopa por doce de costo.  Cuando se vieron, cruzando no más que dos palabras para saludarse, Bond aprovechó que se daban la mano para pasarle con disimulo a Canuto una bolsita de plástico con autocierre que transparentaba el polvo blanquecino. Mientras que este hizo lo propio al despedirse para colocarle una placa poco más grande que una onza de chocolate envuelta en papel de aluminio. Hecho el intercambio, Canuto se fue al servicio de un bar cercano para meterse una raya larga y gorda por la nariz, mientras que Bond se sentaba en un banco de madera del parque ajardinado para liarse un peta con dos papeles formando una ele. Y al tiempo que uno esnifaba y descubría que le habían dado un tranquilizante por cocaína, el otro le daba una calada al petardo y caía en la cuenta de que le habían colado avecrem por hachís.