¡Para que os quede claro!

A mí

no me premian,

a mí

me castigan.

Y

el paso de los años dirá

si merezco premios

o no,

pero desde ahora te digo

que desde luego

castigo

no merezco ninguno.

Y, además,

no es sólo

que no quiero premios,

sino que tampoco castigos.

Ahora bien,

si no escribo poesía

o teatro

o lo que sea que escriba

para lograr ningún premio,

pienso seguir escribiendo

aunque me castiguen

con la pena de muerte.

¡Para que os quede claro!