La asamblea de las mujeres

El dramaturgo en general

y comediógrafo en particular

Aristófanes

en su obra de teatro

titulada

“Las asambleístas”

o “La asamblea de las mujeres”

hace disfrazarse

a varias féminas atenienses

de hombres

para ir a la Asamblea de Átenas

para convencer a la misma

a través de la palabra

de que el poder de gobernar la polis

debe estar en manos femeninas,

entre otras razones,

porque son “intendentes

y administradoras de nuestras casa”

y porque son más “sensatas”

e·”ingeniosísimas,

como nadie,

para reunir riquezas”

y si llegan a mandar,

no se les engañará fácilmente…”

y porque “están llenas de discreción

y dotadas de especial aptitud

para atesorar…»

y “no divulgan jamás

los secretos”

y porque “no conspiran

contra el gobierno democrático”,

etcétera.

Y el caso

es que es a ellas

a quienes se encomienda

la dirección del Estado

y Proxágora

que es la protagonista

afirma en uno de sus diálogos:

“Quiero que todos los bienes

sean comunes,

y que todos

tengan igual parte

en ellos

y vivan de los mismos;

que no sea este rico

y aquel pobre (…)

en una palabra,

establezco

una vida común

e igual para todos”.

Apuntado lo cual,

te pregunto,

estimado lector

o estimada lectora,

¿no es esto

un comunismo primitivo

en una obra

del año 392 a. C?

¡Por mi parte,

no puedo menos

que exclamar

que todo está escrito

o casi!