Por desgracia y por fortuna

Si fuera pintor,

con un pincel

me podría pintar

en un día azul claro

y sin nubes en el cielo

sentado a lo indio

sobre la hierba verde

de un acantilado

de piedra volcánica negra

mirando hacia el horizonte

cómo sale el sol

por la altamar

mientras la brisa

con olor a sal

y a aguas revueltas

me llega

hasta el fondo

de los pulmones

envolviéndome en un atmósfera

de paz

y de sosiego

y de tranquilidad

que calmara

mi naturaleza nerviosa

y temblorosa.

Pero,

por desgracia,

no soy pintor

y,

por fortuna,

soy poeta.