Oye, tú…

Escucha,

por favor,

mi verdadera

y melancólica

y desilusionada voz.

Esta voz

que se rompe

en miles de palabras

nacidas

entre los dolorosos

y martirizantes

y tortuosos

latidos

de un corazón

frágil como un cristal,

delicado como una pluma

y sensible como un poema

que agoniza

en el drama

y la tragedia

de una vida

muerta.