Ni en funerales, ni en entierros

Muera quien muera

y viva quien viva

que no me espere nadie

en un funeral

ni en un entierro.

Y menos

en los míos

porque no quiero

funeral

al no creer en Dios,

ni quiero que me entierren

pues deseo la incineración

y que se esparzan las cenizas

de mi cuerpo

a la sombra de un árbol,

en la mar viva

y en el cielo a los cuatro vientos.

Y mi alma,

mi alma,

mi alma

está en esta poesía

y en cualquier otra

de las que he escrito.