Autorretrato en verso libre

La verdad

es que no soy

nada del otro mundo

porque lo soy

todo de este.

Desde mi cara treintañera de niño

hasta mi alma de libro abierto

de par en par

por el principio,

pasando por mi cabeza

de puro cubano

y mi cabello

de travieso y revoltoso

y mi frente

de duda metódica

y mis cejas

de arcos

disparando

flechas a los dioses

de los cielos

y mis ojos

de tulipanes

verdes y grisáceos

en los Países Bajos

y mi mirada

de fotógrafo artístico

y mis mejillas

de piruleta

de fresa y nata

y mi boca

elíptica

como las órbitas planetarias

y mis labios

de carne de oso

maridada con un vino rosado

y mi lengua

de veladas

de diálogos platónicos

hasta el amanecer

y mis dientes

de tiburón recién nacido

y mi cuello

del pensador escultórico de Rodin

y mis hombros

de aficionado a las canoas indias

y mis brazos

de obras completas

y mi espalda

de baños de sol

y viento

y mares

y mi pecho

de revolucionario

curtido en la lucha de guerrillas

y mi corazón

de poeta empedernido

y mi barriga

de barrica bodeguera

y mi trasero

de devoto de las lecturas

y mis piernas

de saltador

de amor en amor

y mis pies

de columna

de barro arcilloso.