Nada

No hay nada

como los besos acuosos

de una lengua espumosa

de mar viva,

ni como las caricias fogosas

de los rayos brillantes

del sol naranja,

ni como el abrazo espiritual

de los aires celestes

del viento enérgico,

ni como el contacto delicado

de la hierba esponjosa

de la tierra floreciente.