Un diálogo con Hunter Stockton Thompson

Hunter Stockton Thompson,

que fue un escritor

y periodista estadounidense

conocido,

entre otras cosas,

por sus artículos originales

y novedosos

sobre bandas de motociclistas

como “Los Ángeles del infierno”

o por ser una de las plumas de la revista Rolling Stone

que nunca escribió de la música en sí,

aunque su tinta y sus destartalados papeles

volaban entorno al mundo musical

o por relatar en la citada revista

en su primer artículo

su intentona política

como candidato

para sheriff en el condado de Pitkin,

Colorado,

como miembro del partido Freak Power

o Poder raro o extravagante

en el que abogaba por la despenalización

del consumo de drogas,

que no por la despenalización del narcotráfico de las mismas,

o por destruir las calles de cemento

para convertirlas en pastizales

entre los que la gente pudiese pasear

o por establecer limitaciones

a la altura que podían tener los edificios

de modo que no estropeasen

las vistas del paisaje

y de las montañas,

etcétera.

Hunter Stockton Thompson,

que sobretodo es conocido

por ser el icono

o el símbolo

y el creador

en 1970

de lo que fue bautizado como Periodismo gonzo

tras su artículo titulado “El Derby de Kentucky es decadente y depravado,

que fue un artículo que Thompson envío,

como era tan propio de él,

a última hora,

sin terminarlo

ni corregirlo

y que más que un artículo

eran las notas o apuntes para el mismo,

etcétera.

Periodismo gonzo,

que todo sea dicho,

se trata de un periodismo

en el que destaca la subjetividad

frente a la objetividad

y la narración en primera persona del singular

en vez de utilizar la voz impersonal

y “neutral”,

en teoría al menos,

tan común y tradicional en el mundo de los medios de comunicación.

Periodismo gonzo,

que es un estilo de reportaje

en el que tanto o más que dar cuenta

o noticia de una realidad,

se trata de influenciar en la misma,

con lo que el periodista

no es sólo quien pone voz a lo real,

sino quien se convierte en un actor más

que lo moldea con la misma.

Y es que la visión personal

y las interpretaciones subjetivas

y los juicios de valor

y el retrato del entorno social

y humano que rodean al hecho

o a los acontecimientos

dan la nota en la narración de los mismos.

Periodismo gonzo,

en el que

el contexto

cobra más importancia

que el texto en sí,

o dicho de otro modo,

el ambiente que rodea el hecho

y en el que este ocurre

adquiere más importancia

que el hecho en sí mismo.

Periodismo gonzo,

cuyo nombre

o palabra

o vocablo

parece provenir

de la jerga irlandesa

en la que se utiliza

para referirse al último hombre

o mujer

que queda en pie

después de un maratón de alcohol.

Y es que si,

a más de lo dicho hasta aquí,

algo caracteriza al Periodismo gonzo

y a su creador,

Hunter Stockton Thompson,

era el uso

como la apología

del alcohol

y de las drogas en general

en tanto

que distorsionan la visión objetiva

y dan pie a que el subjetivismo aflore.

Y es que no hay que olvidar

que Hunter Stockton Thompson

creó un símbolo para representar al nuevo periodismo

que no era otro

que una mano roja

con dos pulgares,

uno en cada extremo de la mano,

que con el puño bien cerrado

alberga en su centro

un peyote

o cactus endémico de México

y conocidísimo por sus efectos alucinógenos

al ingerirlo

y que hacía las delicias del propio Thompson.

Periodismo gonzo,

tan ligado al movimiento hippy

y a la generación beat

y a la contracultura

y sobre todo

a los movimientos anarquistas

y revolucionarios

y a la crítica contestataria

al status quo

y a la autoridad

y al poder

representado

en quien fuera el blanco

de las iras y de las críticas mismas,

que no era otro

que el presidente Nixon

durante la Guerra en Vietnam,

etcétera.

¡Periodismo gonzo,

en fin,

que tanto bien hizo,

hace

y hará

al mundo periodístico

e informativo

como comunicativo!

Y hecha

esta larga introducción

para contextualizar

al autor Hunter Stockton Thompson

voy a exponer

y a escribir en torno

a una cita suya,

con la que estoy completamente de acuerdo,

que dice lo siguiente:

“La vida no debería ser

un viaje hacia la tumba

con la intención

de llegar a salvo

con un cuerpo bonito

y bien conservado,

sino más bien

llegar derrapando de lado,

entre una nube de humo,

completamente desgastado

y destrozado,

y proclamar en voz alta:

¡Uf!

¡Vaya viajecito!”.

¡Casi nada, eh!

¡O dicho de otro modo!

¡No un viaje hacia la tumba

o hacia la muerte,

sino un viaje

al centro mismo de la vida misma!

¡Y voy a ser breve!

¡La vida no se puede ahorrar,

sino que hay que consumirla

y consumirla

y volverla a consumir

como si fuera la droga de las drogas

que nos va a acabar autodestruyendo,

si se entiende la metáfora!

¡Pues eso,

que consumamos la vida

trago a trago

y bocanada a bocanada

e inspiración a inspiración

hasta que expire

y nos expiremos con ella!

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