Discurseando con Søren Kierkegaard

Quien fuera

y ha sido tomado por filósofo,

teólogo,

fundador del existencialismo,

humorista,

crítico literario,

psicólogo

y poeta danés,

Søren Kierkegaard,

y de quien destacaría

su idea de la angustia

o ansiedad

o desesperación existencial

y pecaminosidad

que solamente puede ser aliviada

o curada

mediante un compromiso total con lo trascendente

o con Dios

y mediante la fe en Él

aunque parezcan

un compromiso y una fe irracionales

y hasta un absurdo

desde el punto de vista de la razón

y del sentido común

y de la lógica

que nos apuntan a que tanto Dios

como la fe en el mismo

parecen algo improbable.

Pero se trataría de un compromiso

y de una fe

no exento

ni exenta

de la duda sobre lo trascendente

o de la duda sobre la misma existencia

de Dios.

Dicho lo cual,

paso a mencionar a una cita suya

de su libro titulado “El instante”

en el que escribe lo siguiente:

“Los genios

son como los truenos:

van contra el viento,

asustan a los hombres,

limpian el aire (…)

Lo establecido

ha inventado numerosos pararrayos (…)

Y resulta.

Sí, vaya si resulta;

y resulta que la próxima tormenta

será aún más seria”.

¡Y aunque estoy, en general, de acuerdo,

voy a dar mi opinión!

Puesto que no solamente diría

que los genios

son como los truenos,

sino que al mismo tiempo

están un poco tronados.

O más bien son como un equilibrista

que caminara

sobre el alambre que separa

la cordura

de la locura

o lo ordinario

de lo extraordinario

o la vulgaridad y mediocridad

de la genialidad.

Y es que en parte comparto

palabra por palabra

la siguiente cita

de Edgar Allan Poe

que dice lo siguiente:

“La ciencia no nos ha enseñado aún

si la locura es o no,

lo más sublime de la inteligencia”.

Y he dicho que en parte comparto

porque no toda locura

es la más sublime inteligencia,

pero si creo que hay locuras

que lo son.

Que son las locuras geniales

o las genialidades locas.

Y por este motivo he dicho

que los genios,

a más de ser como los truenos,

están tronados

o un poco

o un muy locos.

Pero locos

en el sentido

de que el genio

lo es porque crea

o inventa

o da con una idea

que atenta

o bien contra las fes y las creencias

generales y dominantes

de su tiempo

o bien contra las razones e ideas

y teorías y paradigmas

considerados verdaderos

y al mismo tiempo predominantes

en su época

o bien contra ambas.

Es decir,

que los genios y sus ideas geniales,

a veces,

pueden ser un atentado

contra las creencias y las fes

como contra las ciencias y las razones.

Y, evidentemente,

como bien dice Søren Kierkegaard

lo establecido

inventa pararrayos.

Y es que los genios con sus ideas

pueden hacer caer el imperio

o el régimen de lo establecido.

Y con lo que no estoy de acuerdo

es con ese y resulta

que la próxima tormenta

será aún más seria.

Y es que la próxima tormenta

no tiene porqué ser más seria,

entendida la palabra seria

en sus sentidos de grave,

severa,

importante

o de consideración.

Y es que si algo es toda tormenta

es diferente tanto a la anterior

como a la posterior,

pero todas ellas

vistas desde el punto de vista

o perspectiva de su tiempo

son serias

precisamente porque atentan

contra las creencias o fes establecidas

o contra las ciencias y razones establecidas

o como ya he dicho antes

porque atentan contra ambas cosas.

¿A más de que quién determina

que una tormenta es más seria

que otra tormenta?

¿No es acaso ese juicio de más o menos seriedad

un juicio de valor subjetivo

o una verdad subjetiva?

Tan subjetiva como lo es la verdad

para Søren Kierkegaard,

quien decía que

subjetividad es verdad

y verdad es subjetividad.

Lo que no implica

que la verdad sea la opinión personal

o lo que uno cree.

Y es que el genio

o quien quiera liberarse

de la angustia existencial

tiene que poner en duda

hasta ese “Yo soy la verdad”

de Jesucristo.

Por esta razón para Søren Kierkegaard

verdad y fe vienen a ser lo mismo,

en el sentido

de que no se trata de creer a ciegas

y de que creer viendo a través de la razón es imposible.

Y es que no hay fe sin duda,

ni duda sin fe.

Y de aquí que diga que:

“La incertidumbre objetiva (…)

es la verdad…”.

O lo que es lo mismo,

la falta de certeza objetiva

es la verdad.

Y desde este punto de vista

se sigue que escriba que:

“El asunto es encontrar una verdad

que sea cierta para mí,

encontrar la idea por la cual

yo sea capaz de vivir y de morir”.

Y pregunto:

¿no es esa idea por la cual

uno es capaz de vivir y de morir

una idea genial?

¡Ahí queda lanzada la pregunta

como un dardo al centro de la diana,

querida lectora

o querido lector!

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