Roto, roto, roto

Ojalá

y Dios quiera

que nunca te pase

ni tengas que ver

con los ojos

no sólo de tu cara,

sino de tu alma

y de tu corazón

cómo el mundo que estás construyendo

y cómo la persona que eres

se vienen abajo

y caen al suelo

como un castillo de arena

echo añicos

y roto en mil granos arenados.

Porque a más de que es fácil caerse

y difícil levantarse,

hay ocasiones

en que estás tan roto,

tan roto,

tan roto

que no sólo te será imposible levantarte,

sino que te tendrás que acostumbrar

y adaptar

a vivir hasta la muerte

mordiendo

y tragando el polvo

de los más bajos fondos

que el suelo de barro mismo.

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