Chinaski o Bukowski y la mujer o las mujeres

Yo estoy más salido de Henry “Hank” Chinaski

o que el yo literario de Charles Bukowski,

pero mientras que ambos hemos vivido siempre

no sólo en un mundo hecho con hombres

y para hombres,

sino “sin mujeres”

y contra las mismas,

Chinaski o Bukowski

en sus novelas vive en un mundo de ir de mujer en mujer

y de cama en cama

y de follar en follar

y de eyacular en eyacular.

Y es que las mujeres a la Tierra

uno no sabe

si le caen del cielo

o si se le levantan del infierno,

pero casi siempre anda con alguna

o con algunas

y el caso es que aparte de gustarle todas las mujeres

o casi todas,

las tetas,

los culos

y los coños

le tiran si no más

tanto por lo menos como el whisky con cerveza,

el vino

o cualquier otra bebida alcohólica.

Y es que para Chinaski o para Bukowski,

y es una pena que sea así,

la mujer es como una de esas muñecas consoladoras de plástico

que se ven tanto en las despedidas de solteros

de montar

y de volver a montar

y no es una mujer de carne y hueso

de hacer el amor

sin montar

como montando.

Porque la mujer,

para él,

es un objeto sexual

más que una sujeta de amor.

Y digo que estoy más salido que Chinaski

o que Bukowski,

pero no lo digo en un sentido sexual

porque yo puedo vivir sin tener sexo

y me basta y me sobra

con una buena masturbación,

pero vivir sin amar a una mujer

y sin sentirme amado por quien quisiera que me amara

me mata vivo

y me hace vivir en vida la muerte

del amor y del corazón.

Y es que si para Chinaski o para Bukowski

la mejor amiga del hombre es la perra,

el mejor amigo es el perro

que es él mismo.

Un perro al que le gustan los gatos

y llevarse como el perro y la perra con la mujer

o como el perro y la gata con ella

o como el gato y la gata con la misma.

Mientras que,

para mí,

la mejor amiga del hombre es una mujer

a la que se le quiera

y que ella te quiera

y a la inversa.

Y el mejor amigo o amiga del hombre

es quien le haga compañía en los momentos duros

y le saque la alegría y las sonrisas

en los tiempos de tristezas y de lágrimas

y al mismo tiempo quien le acompañe

cuando todo va de perlas

y da gusto compartir las cosas buenas

que tiene y da la vida

con un amigo o con una amiga de verdad.

Pero ambas cosas,

es decir,

el estar a las duras

como a las maduras

tiene que ser recíproco

tanto en una relación amistosa

como en una amorosa.

Y es que no sólo quien tiene un amigo

o una amiga tiene un tesoro,

sino que también lo es él o ella.

Y quien tiene un amado o una amada

no solamente tiene un amigo

o una amiga

y lo es él o ella al mismo tiempo,

sino que además tiene

y es un amor.

Un amor en persona.

y una persona en el amor.

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