Con tu permiso o sin él

Te voy a dar,

con tu permiso

o sin él,

un consejo.

Cuando estés tan roto por la vida

que estés ya harto de llorar a mares

con la ayuda de un hombro en el que llorar

o no

llora hasta la última lágrima

porque solamente así

las gotas lacrimosas

limpiarán los ojos de tu cara

y los de tu alma

y los de tu corazón

de toda la porquería

que se haya metido en ellos

y que te impide ver

lo maravillosa que es la vida.

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