Tengo, tengo, tengo y tengo

Tengo en los ojos de mi cara

lágrimas estancadas

que no acaban de convertirse

de la pena en gotas de triste llanto.

Y tengo en la punta de la lengua

palabras dolorosas en un embotellamiento

que no terminan de transmutarse

de sonidos de amargura inarticulados

en vocablos amargos pronunciados.

Y tengo por todo mi cuerpo

los golpes de la vida marcados

que no alcanzan a transformarse

de huellas dolorosas

en marcas indoloras.

Y tengo en cada punto de mi alma

las heridas existenciales abiertas

que en la vida llegan a cerrarse

ni a convertirse en cicatrices,

sino que siguen sangrando

y supurando

como el primer día en que me hirieron

de una muerte a corto plazo.

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