Poetizando con Henry Miller

Voy a hablar sobre algunos fragmentos

de una extensa poesía del tan censurado

en norteamérica Henry Miller,

llevado a juicio por obscenidad

y por combatir el puritanismo y su hipocresía

y famoso por lo que se conocería como revolución sexual.

Un escritor rebelde en definitiva,

alternativo

y hasta underground

que dice cosas como las siguientes:

“Un niño no necesita escribir,

es inocente.

Un hombre escribe para expulsar todo el veneno

que ha acumulado a causa de su vida falsa.

Ningún hombre pondría palabra alguna por escrito,

si tuviera el valor de vivir lo que cree”.

¡El niño inocente,

que vive verdaderamente no necesita escribir

porque, si se entiende, escribe su vida al vivirla!

¡No necesita ponerle voces, ni palabras,

le es suficiente con vivirla de verdad!

Y por eso el hombre que escribe

es quien lo hace para sacar todo la mierda venenosa

de su vida falsa

y es que si viviese lo que cree

le sobrarían las palabras

porque estarían de más.

¡Y es que la vida es para vivirla,

no para escribirla!

Y sigue más adelante Henry Miller diciendo que:

“Lo mejor de escribir no es la tarea en sí de colocar

palabra tras palabra (…)

sino los preliminares,

la labor preparatoria,

que se hace en silencio,

en cualquier circunstancia,

en sueños igual que en vela:

en resumen,

el período de gestación”.

¡Y fijaos porque lo mejor de escribir

no es el acto de escribir en sí,

sino ese proceso que ocurre antes de sentarse a escribir,

en silencio

o sin él digo yo

y en cualquier lugar

y en cualquier tiempo añado yo,

ese proceso en definitiva en el que surge una palabra,

un verso inicial o final,

un desarrollo,

una idea para trabajar,

un argumento para convencer,

la materia prima

o el cemento

con que se construye ese edificio literario

que es un texto escrito en definitiva!

¡Y es que Bukowski estaba equivocado

al decir que cuando no escribes no eres escritor,

porque quizás eres hasta más escritor cuando no escribes

que cuando lo haces,

porque una vez que tienes las piezas del puzle ordenadas

solamente es cuestión de ponerlas en su sitio!

¡Como en la escritura

cuando tienes el texto en la mente

o en el corazón

y solo falta llevarlo a la hoja blanca de papel!

¡Y yo no sé qué decir,

bueno sí lo sé

y lo que voy a decir es que yo disfruto tanto del momento

de precalentamiento para hacer el amor

y del hacerlo

como del momento de dar a luz el poema o el texto escrito!

¡Porque ambas son partes de un todo que es una maravilla!

¡Y es que escribir a más de un pasatiempo

y de una vocación

y de un trabajo,

si para algo tiene que servir

es para hacernos felices

y para alegrarnos la vida!

¡Y la escritura lo consigue!

¡Doy fe de ello

a más de mi palabra de poeta!

Y sigue Henry Miller:

“Siempre confundes reconocimiento con recompensa.

Son dos cosas diferentes.

Aunque no te paguen lo que haces,

por lo menos tienes la satisfacción de hacerlo.

Es mucho mejor estar preocupado con ideas maravillosas

que con la próxima comida o el alquiler

o un par de zapatos nuevos.

Naturalmente,

cuando llegas al punto de que hay que comer

y no tienes nada que llevarte a la boca,

la comida se convierte en una obsesión,

pero la diferencia entre el artista

y el individuo común y corriente es la de que,

cuando el artista consigue efectivamente una comida,

vuelve al instante a su mundo ilimitado y,

mientras se encuentra en ese mundo, es un rey,

(…)

¿Supones por un instante que un millonario

goza de la comida

o del vino o de las mujeres como un artista hambriento?

El artista creativo tiene algo en común

con el héroe:

Da su vida para conseguir triunfos creativos”.

¡Gran texto, eh?

Empezaba hablando del reconocimiento

que es algo distinto de la recompensa.

Y es que el reconocimiento

es que la industria cultural

o la fábrica del libro

o la editorial de turno

te reconozca tu obra y te la publique,

a más de que te pague por ello.

¡Eso es el reconocimiento!

¡Y a veces se reconoce a quien no se lo merece

y muchísimas veces, como en el caso de los poetas malditos,

no se les reconoce aunque se lo merezcan!

¡Y hasta se da el caso de que hasta después de muertos

no vivan como autores vivos,

porque han vivido toda su vida como autores muertos,

por no llamarles malditos!

¡Y es que el poder, que maneja

la industria cultural entre otras,

reconoce y no reconoce según la ideología del autor,

las temáticas que trata,

las críticas que hace,

etcétera y etcétera!

¡El poder,

por decirlo de otra forma,

vuela alto

debido a las plumas a sueldo

que son de su agrado

y resta méritos y reconocimientos

a las plumas de esos otros autores malditos

que pueden socavar con las ideas de sus libros

los cimientos de su poder!

¡Y claro,

a estos ajo y agua!

¡O el castigo malo!

¡Y a los otros,

todo y más!

¡O el premio gordo!

¡Así funciona el mundo de la cultura

y del arte en general!

¡Y es que hay una cultura

y un arte al servicio del poder

y hay una contracultura

y un antiarte opuestos a los poderosos!

¡Y respecto a la recompensa lo dice bien claro,

aunque no te paguen lo que haces

por lo menos tienes la satisfacción de hacerlo!

¡Lo cual, en mi opinión,

es mejor recompensa que la material!

¡Y es que la recompensa espiritual

es una gran recompensa!

¡En mi caso

nadie me paga un duro por mi obra

y comparto hoy en día unas 13000 poesías

gratuitamente en internet!

¡Pero es que no es ver mi obra en papel

lo que me quita el sueño,

sino que lo que me hace soñar es escribir

y luego como decía Van Gogh

que pintaba lo que soñaba

pues yo escribo lo que sueño!

¡Y evidentemente si uno no se gana la vida

escribiendo, ni de otra manera,

llega un momento en que hay que comer

o comprar ropa

o pagar el techo bajo el que dormir!

¡Y el dinero no cae del cielo!

¡Para todos por lo menos no!

¡Porque ya cantaba la Polla Records

que algunos vivillos

lo que están haciendo es su reino particular en la Tierra,

compra un pedazo de cielo,

pagando la cuota mensual…!

¡Pero el artista escritor

cuando satisface la necesidad básica

va de cabeza y corazón a satisfacer

lo que para él es una necesidad:

escribir, escribir y escribir!

¡En mi caso al menos así es!

¡Y es que dos o tres días sin escribir

y mi equilibrio anímico

o psíquico

o mental

y hasta la armonía del corazón

y sentimental

se me ve alterada!

¡Tanto que puedo llegar a somatizar

y a convertir en una enfermedad física

lo que no es sino una necesidad de la psique o del alma

y del corazón!

¡Y la ironía es que el pobre artista materialista,

pero rico artista espiritualista

goza más de las satisfacciones

de las necesidades materiales

que el rico capitalista materialista

y pobre espiritualista rico capitalista!

¡Y es que cuando lo tienes todo

y no te cuesta nada obtenerlo

no lo valoras ni lo aprecias ni lo saboreas tanto

como cuando no tienes nada

y te cuesta tanto obtener algo!

Y el colofón es la equiparación que hace Henry Miller

entre el artista y el héroe al decir que:

“El artista creativo tiene algo en común

con el héroe:

Da su vida para conseguir triunfos creativos”.

¡Es decir sacrifica su vida a cambio de una obra

o producto artístico,

que yo no llamaría triunfo creativo,

si por triunfo se entiende el triunfo del reconocimiento

y de la publicación de la obra

y de su venta!

¡Y es que cuántas obras maestras han pasado años

y años

y más años

y más años

en carpetas acumulando polvo y telarañas

hasta que les llegó su hora del triunfo!

¡Del triunfo comercial!

¡Porque para un artista escritor de verdad

la obra en sí y el crearla y el darla a la luz,

o el escribirla, en suma,

es el mayor triunfo de todos los triunfos!

¡Porque es un triunfo que alimenta el alma

en lugar de llenar los bolsillos!

¡Que son dos triunfos diferentes!

¡Y lo que he dicho

muchos escritores y artistas

aunque ven el triunfo espiritual en vida

no ven el triunfo material de su obra porque se produce,

por desgracia,

en demasiadas ocasiones tras su muerte!

¡Y es que así es la vida!

¡Del sistema y del poder!