Un poema de una curandera y poeta mexicana

No me resisto a poner integro

un poema de una curandera y poeta mexicana

llamada María Sabina

que me parece una delicia de poesía

que dice así

y a la que voy a responder con un verso no más:

“Cúrate con la luz del sol y los rayos de la luna.

Con el sonido del río y la cascada.

Con el vaivén del mar y el aleteo de los pájaros.

Cúrate con menta, neem y eucalipto.

Endulce con lavanda, romero y manzanilla.

Abrázate con el grano de cacao y un toque de canela.

Pon amor en el té en lugar de azúcar

y tómalo mirando las estrellas.

Cúrate con los besos que te da el viento

y los abrazos de la lluvia.

Ponte fuerte con los pies descalzos en la tierra

y con todo lo que de ella nace.

Sea cada día más inteligente escuchando su intuición,

mirando el mundo con el ojo de su frente.

Salta, baila, canta, para que vivas más feliz.

Cúrate a ti mismo, con hermoso amor, y recuerda siempre…

tú eres la medicina”.

¿No me digáis que no es una maravilla para los oídos

del corazón y del alma?

¡Lo es!

¡Claro que lo es!

Y he dicho que iba a contestar con un verso no más

y era decir que curándose de tal natural manera

cualquiera estaría deseoso de ponerse enfermo,

si se entiende la ironía.

Pero es tan bonita la poesía

y llega tan adentro de uno

y conecta tanto con el ser más profundo

que no me puedo resistir a decir alguna cosita más.

Por ejemplo, voy a resaltar los versos que yo destacaría

como el que empieza la poesía y que dice:

“Cúrate con la luz del sol y los rayos de la luna.”

Pura poesía, aunque en puridad los rayos son del sol

y la luz sería la prestada a la luna por los rayos solares.

“Con el sonido del río…

con el vaivén del mar”.

Y es que la naturaleza a la que tanto estamos enfermando

a más de enfermarnos a nosotros mismos

que somos parte de la misma,

la naturaleza si puede enfermar,

puede ser también la cura

y de hecho cuántas medicinas de hoy en día

provienen de plantas y árboles de la Amazonía.

¡Cuántas!

¡Y la estamos destruyendo!

¡Es que somos tontos y tontas de remate sin cabeza

y sin corazón!

¡Sin cabeza y sin corazón!

Y qué me decís del “Pon amor en el té en lugar de azúcar

y tómalo mirando las estrellas”.

¡El amor que el otro día le leíamos a Leonard Cohen decir

que el amor no tiene cura,

pero que es la cura de todos los males!

¡Y si no lo es de todos, el amor es curativo!

¡Tanto si amamos como si nos aman!

¡Y más si amamos y a su vez nos aman!

¡Aunque no sea más que como amigos!

¿Y el “Cúrate con los besos que te da el viento

y los abrazos de la lluvia?”.

¡Pura poesía!

¡Y es que el viento da besos de aire en movimiento

y la lluvia abraza con las gotas de agua!

¿Y el “Salta, baila, canta, para que vivas más feliz?”.

¡Como los niños que fuimos, que somos y que nunca tenemos

que dejar de ser!

¿Y para qué? ¡Y para vivir más felices!

¡Y es que la felicidad y las risas y sonrisas

como el amor y la naturaleza

también son curativas!

¿Y el “Cúrate a ti mismo… y recuerda siempre…

tú eres la medicina?”.

¡Y es que la actitud de uno ante la enfermedad

y las ganas de curarse

y el amor a la vida

son media cura,

sino toda!

¡Pero cuidado,

porque si tú eres la medicina,

tú puedes ser la enfermedad!

¡Y de ser la medicina a ser la enfermedad

puede ir como de la vida a la muerte!

¡Así que sé la medicina, terrícola,

sé la medicina!

¡Porque cuando uno o una es la medicina

no solamente es medicina para sí mismo

o para sí misma,

sino que es la medicina para el resto del mundo también!

¡Porque al igual que la alegría se contagia,

la curación también es contagiosa!

¡Así que curémonos entre todos y todas!

¡Curémonos y curemos a la naturaleza y al mundo

que son nuestro hogar!

¡El único que tenemos!

¡El único!