Completando a Héctor Carranza A.

Del escritor Héctor Carranza A.

he tomado prestada la siguiente cita:

“Me di cuenta que nadie más

podía ser mi destrucción,

tan sólo yo.

Que soy mi propia compañía,

mi propio mundo,

mi propia vida

y algún día

hasta mi propia muerte”.

¡Y lo siento, pero discrepo!

¡Porque es verdad que uno mismo

puede ser su peor enemigo,

como es verdad que el resto del mundo

también puede serlo!

¡Pero se trata de un pensamiento,

y querido Héctor,

lo digo con el máximo respeto

y la máxima educación

un pelín corto de miras!

¡Y me explico!

Porque también te podías haber dado cuenta de que:

podías ser la destrucción de los demás

y su peor enemigo,

y no solo tú, sino también otros.

Que sois sus ajenas compañías,

sus ajenos mundos,

sus ajenas vidas

y algún día,

quién sabe,

hasta sus ajenas muertes.

¡Y es que si uno mismo puede destruirse

a sí mismo,

uno mismo puede destruir a los demás!

¡Y a la inversa!

¡Porque si los demás pueden destruir

a uno mismo,

también pueden destruirse a sí mismos!

¡Pero,

y sigo como siempre diciendo las cosas

con respeto y educación,

el pensamiento no es solamente corto de miras por esto,

sino que también lo es por la siguiente razón!

Y es que si se dio cuenta de que:

nadie más

podía ser mi destrucción,

tan sólo yo.

Que soy mi propia compañía,

mi propio mundo,

mi propia vida

y algún día

hasta mi propia muerte,

por la misma regla de tres

se podía haber dado cuenta de que

nadie más

podía ser mi construcción,

tan sólo yo.

Que soy mi propia compañía,

mi propio mundo,

mi propia vida

y algún día

hasta mi propia muerte.

¡Y a la inversa!

Porque también te podías haber dado cuenta de que:

podías ser la construcción de los demás

y su mejor amigo,

y no solo tú, sino también otros.

Que sois sus ajenas compañías,

sus ajenos mundos,

sus ajenas vidas

y algún día,

quién sabe,

hasta sus ajenas muertes.

¡Y es que si uno mismo puede construirse

a sí mismo,

uno mismo puede construir a los demás!

¡Y a la inversa!

¡Porque si los demás pueden construir

a uno mismo,

también pueden construirse a sí mismos!

¡Pues esto es todo,

amigo Héctor!