Debatiendo con Edgar Allan Poe y Oscar Wilde

En una antigua carpeta

de mi etapa de estudiante universitario

he dado con la siguiente cita

anotada en la misma

que ni recuerdo

ni tengo la menor idea

de dónde la sacaría,

pero sé que la escribí

cuando estaba leyendo el libro

“La interpretación de los sueños”

del maestro del psicoanálisis

Sigmund Freud.

Y el caso es que es de Edgar Allan Poe

y que está relacionada con los sueños

porque dice lo siguiente:

“Los sueños,

esos pequeños trozos

de muerte.

Cómo los odio”.

¡Y por empezar a decir algo

diría que doy por supuesto

que llama a los sueños

esos pequeños trozos de muerte

porque desde la antigüedad

han sido a mares

los escritores

y las escritoras

que han considerado

al hecho de conciliar el sueño

como una muerte corta

o como un anticipo

o como un ensayo de la misma!

¡Y supongo que por eso los odia!

¡Porque aparte de Emil Cioran

y sus pensamientos tan de su gusto

en torno a la muerte

o de Alejandra Pizarnik

y sus pensamientos tan de su agrado

en torno al suicidio,

sobre cuyas ideas de ambos

ya escribiré otro día,

pocos autores

y autoras más conozco

a quienes les guste

tanto la muerte

y no la odien

a muerte!

¡Y nunca mejor dicho

lo de odiar a muerte

a la muerte!

¡Aunque haberlos

y haberlas,

haylos

y haylas!

¡Pero a lo que iba!

¡Y a lo que iba

es a jugar con los versos

de Edgar Allan Poe

y en lugar de hablar de sueños

hablar de las realidades,

que al fin y al cabo

los sueños los queremos hacer realidades!

Pero antes no me resisto a poner por escrito

una cita del grandioso escritor

Oscar Wilde

que viene como anillo al dedo

y que dice lo siguiente:

“Nos prometieron que los sueños

podrían volverse realidad.

Pero se les olvidó mencionar

que las pesadillas

también son sueños”.

¡Y es verdad!

¡Las pesadillas también son sueños,

pero son un mal sueño!

¡Y en mi opinión

los sueños para ser sueños de verdad

y llamarlos correctamente sueños

tienen que ser buenos sueños!

¡Y es que si sueños y pesadillas

fueran sinónimos

y significaran lo mismo,

o la palabra sueño

o la palabra pesadilla

estaría de más!

¡Pero el caso

es que no significan lo mismo

ni Oscar Wilde se está refiriendo a lo mismo

porque cuando utiliza la expresión

“Nos prometieron que los sueños

podrían volverse realidad…”

se está refiriendo a los sueños

no como acto de dormir

o como acto de representarse

en la fantasía de alguien,

mientras duerme,

sucesos o imágenes,

sino que se está refiriendo

no a los sueños que tenemos dormidos,

sino a los que tenemos despiertos,

es decir,

a los sueños como

cosas que carecen de realidad

o fundamento,

y,

en especial,

a los proyectos,

deseos,

esperanzas

sin probabilidad de realizarse.

Y aunque él diga que

“Nos prometieron que los sueños

podrían volverse realidad…”,

en el significado de sueño

el hecho de que puedan convertirse en realidad

carece de realidad

o fundamento

o no tiene probabilidad de realizarse.

Es decir,

que tanto o más que de sueños

quizás tendría que hablar de quimeras

o de utopías.

Y lo mismo sucede

cuando habla de pesadillas,

es decir,

que se está refiriendo

más que a las que se tienen dormidos

a las que se sufren despiertos.

Es decir,

más que al ensueño angustioso

o a la opresión del corazón

y a la dificultad de respirar durante el sueño

a la preocupación

que siente alguien

a causa de alguna adversidad.

¡Y al ser esto así

a mí no me vale que me diga

que “…se les olvidó mencionar

que las pesadillas

también son sueños”

porque nada tienen que ver las pesadillas

como hemos visto

con los sueños

como también hemos visto!

Y es que Oscar Wilde

parece equiparar sueños

y pesadillas

cuando sueño

es como un deseo irrealizable

y pesadilla como una preocupación real

por alguna adversidad.

O dicho de otro modo,

el sueño es algo ideal

y la pesadilla es real.

Dicho lo cual,

decía hace un rato que de hablar Edgar Allan Poe de los sueños

yo iba a hablar de las realidades

para decir trastocando

un poco sus versos

lo siguiente:

Las realidades,

esos pequeños trozos

de vida.

Cómo los amo.

¡Y es que si hay que odiar a muerte

a la muerte,

hay que amar a vida

a la vida!

¿O no?

¡Pues eso!

¡Pues eso!

¡Que ames la vida!

¡Que la ames!

¡Porque que se sepa

a ciencia cierta

es la única que hay!

¡La única!

¡Así que,

que ames la vida!

¡Que la ames!