José Saramago y los hijos de puta

Acabo de leer una frase

del escritor luso,

que no iluso,

José Saramago

que tras pasarla

por la horma de la poesía libre

queda tal que así:

“La experiencia me ha enseñado

que los peores hijos de puta,

son los que no tienen aspecto de serlo”.

¡Y vaya que sí tiene razón!

¡Vaya que sí!

¡Y es que el peor hijo de puta

es el que no lo parece

y lo es!

Pero qué ocurre

si le decimos:

¡y a la inversa!

Es decir,

que la experiencia me ha enseñado

que los mejores hijos de puta

son los que tienen aspecto de serlo.

¡Y vaya que sí tengo razón!

¡Vaya que sí!

¡Y es que el mejor hijo de puta

es el que lo parece

y lo es!

Pero juguemos un poco con las palabras

por pasar el tiempo

y preguntemos por ejemplo:

¿el peor hijo de puta es el mejor siendo un hijo de puta?

¿O el mejor hijo de puta es el peor siendo un hijo de puta?

O dicho de otro modo,

¿quién es el peor hijo de puta?

¿El peor?

¿O el mejor?

¿Y quién es el mejor hijo de puta?

¿El mejor?

¿O el peor?

Yo ya tengo mi respuesta,

pero voy a ser un poco hijo de puta

y con su permiso

o sin él

me la pienso callar

y guardar para mí mismo.

¡Y usted perdone!

¡Y que cada cual tenga la suya!