Archivos Mensuales: julio 2020

Del ejercicio

El ejercicio

es el martillo

y el cincel

que tallan tu cuerpo.

Y el ejercicio

es el incienso

que da aroma

a tu alma.

Y el ejercicio

es como el sueño reparador

de tu cabeza.

Y el ejercicio

es el verso a verso

que escribe

tu corazón de amor.

Y el ejercicio

es el que da vida

y revive

a todo tu ser.

¡Y haría bien!

Con todas las banderas del mundo

cosería ropa

para todos los niños

que van desnudos

o vestidos con harapos.

Y con todos los asientos de cuero

y sillas de montar

fabricaría zapatos

para todos los niños

que van descalzos.

Y con todos los ladrillos

de las plazas de toros

y de las cárceles

y manicomios

y chalets de ricachones

haría casas

para todos los sin techo del mundo.

Y con todas las plantas

del mundo

haría medicinas

para todos los enfermos

que las necesitan

y no las tienen.

Y con toda la comida

que se que va a caducar

o que se va a tirar a la basura

alimentaría

a todas las personas

que no tienen qué comer

y que pasan hambre.

Y con toda el agua

que se derrocha

en hogares,

en la industria

o en regadíos de campos de golf

daría de beber

a todos los sedientos del planeta.

¡Eso es lo que haría!

¡Y haría bien!

El mejor regalo

El mejor regalo

que se le puede hacer

a un poeta

no es una pluma estilográfica,

ni un libro,

ni una libreta de notas,

ni un buen escritorio de madera de cedro,

etcétera,

el mejor regalo

que se le puede hacer

a un poeta

se lo puede hacer la vida

al hacer que conozca a una buena mujer

que le dé la mejor

conversación del mundo

y que le quiera con todo el corazón.

Y es que un poeta enamorado

y querido

y amado

escribe mejor

que uno que no lo está

ni lo es.

Porque el amor

al igual que el dolor

es el mayor estímulo creativo

para un poeta.

El amor

y el dolor.

De las manos y la revolución industrial

De ser un artesano

o campesino

o marinero

o ganadero

o etcétera

y de saber hacer casi todo

con sus propias manos

el ser humano

ha pasado

tras la revolución industrial

a ser un trabajador con buzo de mahón

que no sabe hacer casi nada con sus manos.

Y es que las máquinas

según como se miren

son un progreso

o un atraso

porque hacen ellas

lo que antes hacían las personas

con su ingenio

y por sí mismas.

Cuatro olores

A la mañana

el olor acentuado por el rocío

de la naturaleza.

Al mediodía

el olor a unos fuegos

en que se está cocinando.

A la tarde

el olor a que el día

se acerca a su fin.

Y a la noche

el olor a la luna

y al cielo estrellado.

La cara y la espalda

Yo que con el ataque

al corazón

le he visto

la cara a la muerte

lo que no voy a hacer jamás

es darle la espalda a la vida

porque darle la espalda a la vida

es estar muerto en vida.

Y a la inversa

yo que le he visto la espalda a la vida

lo que voy a hacer siempre

es darle la cara a la muerte

porque darle la cara a la muerte

es no darle la espalda a la vida

porque darle la espalda a la vida

es estar muerto en vida.

Parte de mi testamento vital

Yo no quiero

que me quemen vivo

como hacía antes la iglesia

con las “brujas”

o mujeres libres

o con los hombres de ciencia

que negaban las doctrinas

de los hombres de Dios

o con los enemigos políticos

o religiosos

y demás.

Y es que yo que no quiero entierro

ni funeral religioso

quiero

que me quemen muerto

o que me incineren

una vez que muera

y que mis familiares vivos

si quieren quedarse con una cantidad

de cenizas que se queden,

pero que con el resto

que las arrojen

por las calles de esta villa de Durango

que me vio vivir

y por las que viví,

por ejemplo en Magdalena

hasta la edad madura

y en Ezkurdi desde esta edad en adelante

y si vivo en alguna otra calle

pues en la misma también.

Y sobretodo

que una pizca de cenizas

las arrojen en cada uno de los montes

de la llamada como Pequeña Suiza

y en cada uno de los ríos

que corren por Durango.

Ese es mi deseo

y parte de mi testamento vital.

Como unas comidas

He escrito en un poema

que la vida

es como una comida

de tres platos.

Un primero

que es el nacimiento.

Un segundo

que es el crecimiento.

Y un tercero

que es el fallecimiento.

Pero también se podría decir

que es como un desayuno

la infancia,

como un hamaiketako

o tentempié

la adolescencia

o juventud,

como una comida

la madurez,

como una merienda

la tercera edad

o vejez joven

y como una cena

la cuarta edad

o vejez vieja.

Y efectivamente

en la vida

hay que aprender

a disfrutar

y disfrutar

de todas las etapas

de la vida.

Hasta de la muerte

o de la cuarta edad

o vejez vieja.

Porque como dice

el psicólogo

Rafael Santandreu

nada de lo que nos pasa es tan terrible,

ni siquiera la muerte

y se puede ser feliz

nos pase lo que nos pase.

La ley de la vida

Cuanto más jóvenes somos

más pensamos

erróneamente

que somos inmortales

o que como nos encontramos

bien de salud

nos vamos a seguir

encontrando así de bien siempre.

Y cuanto mayores somos

más pensamos

acertadamente

que somos mortales

o que como nos encontramos

mal de salud

nos vamos a seguir encontrando mal

o vamos a ir a peor.

Y es más cierto lo que pensamos de mayores

que lo que pensamos de jóvenes.

Y es que tarde o temprano

y una enfermedad u otra

a todos nos toca alguna.

Y es que el hombre

es mortal por naturaleza

y esta es la ley de la vida.