Archivos Mensuales: agosto 2019

No quiero morir

No quiero morir joven,
ni de viejo,
ni crecido,
ni quiero morir solo,
ni llorando,
ni rendido,
ni quiero morir mal,
ni bien,
ni sin sentido,
ni quiero morir rico,
ni pobre,
ni jodido.
No quiero morir lejos,
ni cerca, 
ni aburrido,
ni quiero morir tarde, 
ni pronto,
ni en mi olvido,
ni quiero morir a ratos,
ni a tiempo,
ni partido,
ni quiero morir preso,
ni en guerra,
ni en un latido.
No quiero morir puro,
ni impuro, 
ni consumido,
ni quiero morir cuerdo,
ni loco, 
ni dolorido,
ni quiero morir de día,
ni de noche,
ni atardecido,
pues quiero morir viviendo
y de amor
y bienquerido.


Otro mundo cantaría

El mundo,
el mundo azul marino
y verde campesino
y carne de peón
y blanco de los polos
está hoy al rojo vivo
y al rojo muerto.
Al rojo vivo
porque como los demonios están jugando con fuego
la Tierra
se está calentando tanto
que se parece cada vez más a un infierno
que nos va a quemar vivos
y vivas.
Y es que el cambio climático es
y si no hacemos algo va a seguir siendo
dramático
para todo el mundo,
hasta para quienes se lo toman a risa
y a comedia.
¡Dramático!
Y al rojo muerto
porque los satánicos la sangre que hacen correr,
a más de roja,
es de rojos
y de rojas
y de todos los colores
menos azul.
¡Así de clarinete!
El mundo,
el mundo que hemos levantado sobre la Tierra
los seres humanos
y no el que nos cayó del cielo
quizás por obra de la mano de Dios,
no es el mundo de la vida,
sino el mundo de la muerte.
¡De la muerte!
Y no es el mundo de la vida
porque en este mundo
la mayoría
malvivimos
y sobrevivimos.
Y la minoría
bienvive
y vive mejor que bien.
¡O como dios
o como un rey!
Y es que su bienvivir
y bienestar
es a costa
de nuestro malvivir
y malestar.
Y es el mundo de la muerte
no solo porque la economía capitalista mata
y mata a mares
de hambre, de sed, de enfermedades, de contaminación, de trabajo, de guerras
y demás
y si no mata,
remata,
sino porque la vida no vale casi nada
y la muerte les vale su peso en oro.
Una vida
de esclavitud asalariada
o de explotación remunerada
que a los y las esclavistas y a los explotadores y explotadoras
les supone pocos costos y les sale bien barata
al tiempo que les brinda
ganancias a punta pala.
¡A punta pala!
¡A costa del pico y pala!
¡Del pico y pala!
Y donde se dice que la vida no vale casi nada
entiéndase 
no solo la vida humana,
sino la vida en general.
Porque si nuestra vida,
la de sus semejantes
desemejantes,
a los amos y amas de este mundo
les importa un carajo,
la de todos los demás seres vivos
y hasta la de la Tierra,
cero patatero.
Cero patatero
porque en tanto que aumenten los ceros de sus cuentas corrientes
les da igual que se muera el resto del mundo
y el mundo inclusive.
¡Y así les va!
¡De muerte!
¡Y así nos va!
¡De mala vida!
Y donde se dice que la muerte les vale su peso en oro
entiéndase
que si cuando nos ganamos la vida
o, lo que es peor,
la mala vida
 trabajando como esclavos
o como explotados asalariados,
los amos y las amas se ganan la buena vida,
cuando perdemos la vida
o nos la hacen perder,
los amos y las amas no pierden su buena vida.
Y es que nuestra vida
como nuestra muerte
para los dichos y las dichas es un negocio redondo.
¡Redondo!
¡Redondo porque ganan de todas todas
y de todos todos!
¡Así de clarinete!
El mundo,
el mundo de “verdad”
es una gran mentira.
O si lo prefiere,
el mundo,
el mundo de mentira
es una gran verdad.
¡Mentira que sea el mundo de verdad!
¡Verdad que es el mundo de mentira!
De mentira
porque si fuera el mundo de verdad,
no habría un primer mundo,
ni un segundo,
ni un tercer mundo,
sino un mundo
a todas horas
de todas todas
y de todos todos.
¡Así de clarinete!
De mentira
porque si fuera el mundo de verdad,
no habría una clase alta,
ni una clase media,
ni una clase baja,
sino una clase.
Y una clase y ninguna clase vienen a ser lo mismo.
O dicho con otras palabras,
no habría unas clases desiguales
en función del tener,
sino una de seres iguales
en función del tener
y desiguales
en función del ser.
Y por tanto,
no se daría el tanto tienes, tanto eres,
sino el tanto eres, tanto tienes.
Ni más,
ni menos
que el resto.
Y así las personas no serían lo que tienen,
sino que tendrían lo que son.
Y las personas
serían más o menos
en función de sus capacidades
y no de sus propiedades.
Capacidades personales
o de la persona
y propiedades comunales
o de la comuna.
¡Pero capacidades personales al servicio de la comuna!
¡Y propiedades comunales al servicio de las personas!
Y como el trabajo
y el producto del trabajo
serían en común,
a la hora de repartir el trabajo y el producto del mismo
se aplicaría esta máxima:
¡de cada persona según su capacidad
y según las necesidades de la comuna!
¡Y a cada persona según sus necesidades
y según las capacidades de la comuna!
¡Así de clarinete!
De mentira
porque si fuera el mundo de verdad,
no habría el mundo del capital,
ni el mundo del trabajo,
ni el mundo del desempleo,
sino el mundo del comunal
y el mundo de la cooperación
o la colaboración
y el mundo del manos a la obra colectiva.
Y es que la contradicción
entre el capital y el trabajo
no se daría al estar
el capital y el trabajo
en las mismas manos.
¡En las manos de la obra comunitaria!
Y el trabajo
no sería por cuenta propia
o ajena,
sino por la cuenta que nos trae a todos y todas.
Trabajo 
no por dinero,
ni por amor al arte,
sino por el bien de la comunidad.
Y si me explico,
¡sería uno para la comunidad y la comunidad para todos!
Trabajo
que no generaría plusvalor o plusvalía capitalista,
sino valor o valía comunalista.
Valor o valía que residiría
en que valdría
o sería válido y válida
para la comuna.
Trabajo
sin ganancia personal o privada
y con beneficio general
o por el bien común.
Trabajo
no por el propio interés,
sino a favor de la colectividad.
Trabajo
no tasado y con un precio,
sino apreciado, valorado y estimado
porque es valioso para la sociedad comunal.
Trabajo
impagable con dinero
y pagado con la satisfacción
de las necesidades propias y ajenas.
O con una vida digna de ser vivida
para todos
y para todas.
Digna por compartir y repartir
lo justo y necesario
para la vida individual y comunal.
¡Así de clarinete!
De mentira
porque si fuera el mundo de verdad,
no habría un primer poder,
ni un segundo,
ni un tercer poder
o no habría los tres poderes clásicos,
ejecutivo,
legislativo
y judicial.
Ni habría un cuarto poder,
el de los medios de comunicación.
Ni habría un quinto poder,
que hay quienes consideran que es
el del poder político de los gobiernos
sobre la economía,
como hay quienes aseguran que es
el de la red de redes o Internet.
Ni habría los superpoderes que son
el poder económico
y el poder militar.
No los habría,
porque solo habría un poder,
el poder del pueblo,
el poder de las personas.
¡Del pueblo!
¡De las personas!
No el del primer mundo sobre el resto de mundos,
ni el de la clase capitalista sobre el resto de clases,
ni el de unos poderes sobre otros poderes
y sobre los desapoderados,
sino el poder del pueblo,
el poder de las personas.
¡Del pueblo!
¡De las personas!
¡Pero del pueblo al servicio de las personas!
¡Y de las personas al servicio del pueblo!
¡Y donde dije pueblo, digo comuna!
¡Y donde dije personas, digo comunes!
¡Así de clarinete!
De mentira
porque si fuera el mundo de verdad,
no sería un mundo de hombres sobre mujeres,
ni de blancos sobre negros…,
ni de ricos sobre pobres,
ni de patronos sobre obreros,
ni de capacitados sobre discapacitados,
ni de Estados sobre pueblos,
ni de ideologías dominantes sobre ideologías dominadas,
ni de las mayorías sobre las minorías,
ni de lenguas vivas sobre lenguas en peligro de muerte,
ni de culturas hegemónicas sobre culturas subordinadas,
ni de identidades sobre identidades,
ni de credos sobre credos,
ni de nada sobre nada,
ni de nadie sobre nadie.
Porque sería un mundo de personas,
de personas humanas
y de personas libres e iguales y en paz.
O en una palabra,
justas.
Justas 
en un mundo que sería
la justicia en persona.
¡La justicia en persona!
¡Así de clarinete!
De mentira
porque si fuera el mundo de verdad…,
¡otro mundo cantaría!
¡Y lo haría de alegría!

Verdades como versos

Unas cuantas verdades,
verdades como versos.
La primera,
los seres humanos
no nacemos libres,
ni iguales,
sino presos
y desiguales,
y deberíamos luchar a vida o muerte,
más que para morir
libres e iguales,
para vivir
en libertad y en igualdad.
La segunda,
la vida no vale nada
y nos cuesta tanto trabajo
porque el trabajo lo vale todo
y nos cuesta tanta vida.
Y para ganarnos un trabajo
tenemos que dar la vida
en el tajo
o desvivirnos trabajando.
Y para ganarnos la vida
tenemos que trabajar a muerte
en el trabajo.
Y el trabajo mata
y quieren que nos matemos trabajando
y así y todo nos morimos por trabajar
y eso
que ni con trabajo se vive tan bien,
ni sin trabajo tan mal.
Y es que el trabajo no es vida
y debería ser un medio de vida
y no,
por desgracia,
el fin de la misma.
Y el no trabajar no es la muerte,
ni el fin de la vida
y no debería ser un medio vital.
La tercera,
aunque digan que tenemos que vivir de nuestro trabajo,
la verdad
es que de nuestro trabajo viven quienes nos dan el empleo.
Porque de nuestro trabajo malvivimos
o vivimos mal
y de nuestro trabajo bienviven
o viven bien
quienes nos emplean.
La cuarta,
cuantos y cuantas más
tenemos menos
y menos
y menos,
cuantos y cuantas menos
tienen 
más
y más
y más.
La quinta,
el dinero no da la felicidad
porque es de las cosas más tristes
que hay.
Tanto como que las sumas
se hagan a base de las restas.
Y tanto como que el dinero huela
a pólvora,
cadenas
y pesadillas.
O a muerte,
esclavitud
y tragedias.
La sexta,
el mundo es un pañuelo,
pero de sangre,
sudor
y lágrimas.
Y debería ser un nido
de buenos aires,
aguas puras
y buenos alimentos
para todos
y para todas.
La séptima,
la democracia ha muerto
y no vivimos en democracia.
Porque una cosa es tener el poder
y otra bien distinta es ser el poder.
Y el pueblo siempre
o casi siempre
tiene el poder,
el poder para que se haga lo que quiere,
pero nunca
o casi nunca
es el poder,
el poder que hace lo que quiere.
Y la democracia de verdad
no es solo que el pueblo tenga
y sea 
el poder,
o el poder del pueblo,
sino el querer del pueblo.
Porque a más de poder,
hay que querer.
Y la democracia,
la verdadera democracia,
es que se haga lo que el pueblo quiere
más que lo que el pueblo puede.
Y lo triste
es que el pueblo puede,
aunque no sea consciente de que puede
o de su poder,
pero no quiere.
Porque si quisiera, podría.
Podría hacer lo que quisiera.
Pero como no quiere,
no puede.
La octava,
hay que pasar del mundo de los bienes
de consumo
al mundo del bien
sumo
o sumo bien.
Y es que el mundo de los bienes no es un buen mundo,
sino uno malo
o el peor de los mundos
y el mundo del bien no es un mal mundo,
sino uno bueno
o el mejor de los mundos.
La novena,
la revolución es el camino
y la libertad, la igualdad y la paz… el caminar
y la justicia no es el fin del camino,
sino el principio
de un nuevo camino.
La décima,
si nacemos presos
y presas
y desiguales
y si el trabajo
no nos hace libres
ni iguales,
sino todo lo contrario
y si además 
trabajamos para malvivir
y para que quienes nos emplean bienvivan
y si trabajamos a cambio de dinero
y si cuantos más menos dinero tenemos,
cuantos menos más dinero tienen
y si el dinero no da la felicidad
y huele a mil demonios
y si encima
el mundo es como un infierno
y la democracia es un cadáver
y si el pueblo puede,
pero no quiere
y si el orbe de los bienes es un mal
y si la revolución
es nuestra salvación,
entonces,
amigos
y amigas,
¿a qué estamos esperando
los y las de abajo
para poner el mundo
patas arriba?
¿O patas abajo?

Nuestra Marbella

Todo un año en el tajo, 
en el tajo, en el tajo,
en el tajo a diario
y en el tajo ocho horas,
si no más,
si no más,
en el tajo,
en el tajo
de mañana o de tarde
o de noche,
en el tajo
currando por un sueldo
pobre
y pobre
y muy pobre
en un trabajo
triste
y triste
y más que triste.
Todo un año en el tajo,
en el tajo, en el tajo,
en el tajo de Lunes 
y en el tajo hasta el Viernes,
si no más,
si no más,
en el tajo,
en el tajo
currando
como ahorrando
para hacer realidad
el sueño
de nuestras vacaciones.
En Marbella,
en Marbella
con Idoia,
el amor
de mi vida,
y Xabier
y Julen,
los dos hijos
de ella,
del gran amor
de mi vida,
dos hijos
más que míos, conmigo,
más que suyos, consigo
en Marbella,
en Marbella.
Y Marbella con ella
y Marbella con ellos
es más bella y más bella
y más bella
y más bella 
y hasta la mar de bella.
La Marbella, Marbella
al final del camino
de ese viaje del norte
hasta el sur andaluz.
La Marbella del arco,
del arco de Marbella
que una gran bienvenida
nos da al verla de nuevo.
La Marbella del ático
chico, pero muy cuco
de la casa Ansorena
y la Ansorena etxea
con su terraza espléndida,
tanto que si no es
el mismo cielo,
es
un cachito de cielo
celeste azul divino
y nubes blanquecinas
que no anuncian tormentas,
ni gotas de tristeza,
sino días de sol
que calienta y calienta
con rayos de alegría,
dicha
y felicidad.
La Marbella de vistas
a los amaneceres
como al atardecer
y a los anocheceres
y a la gran Sierra Blanca
y al Pico de la Concha
y al Mar Mediterráneo
y a Gibraltar 
y al Atlas
de la África norteña
y a toda la ciudad
que busca
las sombras por el día
y luces por las noches.
La Marbella de a pie,
paseo matutino
de ida y vuelta
y la brisa marina
por la cara
y el sudor en la frente
y el pasito a pasito
hasta la misma ducha
que sabe más que a gloria
y más que al alma alegre
y feliz corazón.
La Marbella de al aire
libre los desayunos,
comidas
y meriendas
y las cenas nocturnas.
Desayunos de obreros
y comidas de pueblo
y meriendas de iguales
y las cenas de libres.
La Marbella de traje
de baño
y la toalla
y el polo
y las chancletas
y las gafas de sol
y la hamaca 
y piscina
y la playa,
la playa.
La playa de turistas,
chiringuito
y olores 
a pescaditos fritos.
La Marbella de siestas
y sueños de verano
y ronquidos a pierna
suelta
y el despertar
del descanso ganado
con trabajo y trabajo
a la vida del ocio
y del nada que hacer,
nada más que vivir
disfrutando el momento.
La Marbella de charlas
y charlas y más charlas
y buenos parlamentos
con el gran corazón
de par en par abierto
y con el alma a flor
de piel 
dorada por el sol.
La Marbella de pintxos
del Lekune
y la pizza
del Picasso
y los churros
o roscas
y el café
con hielos en la plaza
linda de los Naranjos
y el zumito
y helado 
con dos bolas de dulce
mantecado
y la caña,
el mojito
y daiquiri
de fresa granizada.
La Marbella de puestos
de artesanía pura
y puestos y más puestos
y tiendas
y más tiendas
y compras,
si no falta la tela,
la tela marinera.
La Marbella de Sol
y la Luna
y estrellas
y mil constelaciones
y lluvias estelares
y vuelos de gaviotas
graznando
y golondrinas
y noches
y veladas
y casas blanquecinas
y alguna
feliz salamanquesa.
La Marbella de abrazos
y besos
de familia
y de amigos
y amigas
y gestos de cariño
y de amor entrañables.
La Marbella de tierra
y de mar y montaña
y de cielo infinito
con aires de humanismo
y puros sentimientos
flotando en el ambiente
de paz
y buen humor.
La Marbella de puerto
deportivo
y de Puerto
Banús
y los veleros
y yates
y las lanchas
y coches de película
y mansiones de ricos
y lujo que se ve
y quiere que le vean
y carteras bien llenas,
mas vacías de clase,
elegancia
y estilo.
La Marbella de árboles
y palmeras
y millas
y más millas 
de plantas
y flores naturales
de aroma marbellí.
La Marbella de artistas
de la caricatura
y de estatuas del mimo
y de las marionetas
de hilos
y de las cuerdas
de guitarra española
y de los taconeos
del flamenco en las venas
y del baile en la sangre.
La Marbella de árabes
del Oriente de gustos
más bien occidentales
y de la medialuna 
y familias reales
y fortunas de cuento
y feudos palaciegos
como vacacionales.
La Marbella del clima
que es todo un microclima
con sus temperaturas
clementes por el día
y agradables de noche.
La Marbella del pueblo,
pueblo trabajador
y de gente corriente
y humilde
tal nosotros
que trabaja bien duro
y casi todo el año
por gozarla unos días.
Unos días de nada
y unos días del todo.

El viaje

Un viaje es una ida
y un viaje es una vuelta
o una alegre partida
y un regreso al hogar.
Y partimos con ganas,
con las de todo el año
por llegar al destino
que es todo un paraíso
y a la vez todo un sueño.
Y llegamos al sur
andaluz
y a la perla
de sol
y de la mar
y de inmensa montaña
que es la casa Ansorena
y la Ansorena etxea.
Y gozamos de espléndidos
días de cielo azul
y escasas nubes blancas
y hermosos
amaneceres
como de anocheceres
de colores naranjas
y amarillos chillones
y rosas de princesa.
Y gozamos de gratos
paseos mañaneros
y buenos desayunos
con vistas a la Sierra
de las Nieves sin nieves
y de baños de mar
y de rayos de sol
y de brisas marinas,
salinas
y divinas.
Y gozamos de ratos
y ratos de piscina
y de hamaca en la hierba
y charlas
y más charlas
y algún aperitivo
de frutas refrescantes.
Y gozamos de platos
de comida en el ático
y buenas sobremesas
y partidos de fútbol
a vida o muerte
en sanos videojuegos
y de helados de bolas
hechos con todo el mimo
y ricos cafecitos
con leche, mantecado
y un chorrito de baileys.
Y gozamos de tardes
de música
y de baile
y daikiris de fresa
granizada
y mojitos
de ron
de la Habana cubana.
Y gozamos de cenas
bajo lunas,
planetas
y la lluvia de estrellas.
Y gozamos de sueños
y descansos de cama
y alegres despertares.
Y gozamos de fotos,
poemas
y miradas de amor
familiar y amistoso.
Y gozamos de todo,
de lo bueno
y de lo no tan bueno.
Y ha llegado el momento
de la vuelta a Durango
y doy gracias a Dios
por estas vacaciones
y por las que vendrán,
si eso es lo que Dios quiere
y nosotros queremos.
Gracias,
gracias
y gracias.
Gracias.
De todo corazón.

Prioridades

Para mí
es la salud,
el ser libre
y te quiero.
La salud
y el ser sano,
aún estando uno enfermo.
El ser libre
y el serlo,
hasta estando en prisión.
Y el te quiero
y amor
del principio al final,
sea o no sea amado.

Triste

A veces estoy triste
como una
primavera sin flores,
triste
como un reloj parado
en las veintitrés horas
y en los cincuenta y nueve
minutos y segundos,
triste
como un barco de vela,
no en el agua,
en la arena
de una playa perdida
llamado
a ir directo por curvas
al fondo de la mar,
triste
tal la nieve pisada
y con huellas de botas
de barro
malgastadas
por el paso del tiempo,
triste,
pero te tengo
y te cuento conmigo
y eso me hace feliz.

Tus ojos

Querer y poder verte,
mi amor y mi amor mío,
cada mañana
al despertar
mas bella que una estrella
de mar
como del cielo
con tus ojos
de un iris
por fuera
azules
de viva intensidad
y verdes claros claros
como el agua
de una cala desierta
más adentro
y ya casi
en la negra pupila
de noche interminable
marrones
naranjados
es,
mi amor y mi amor mío,
lo más bonito
que quieren
y pueden ver mis ojos.

Momentos

Me muero
por vivir
y por vivir
unos momentos mágicos
y de verdad
contigo, corazón.
Momentos
que no se olviden nunca
y se recuerden siempre.
Momentos
de amor
y de hacer el amor
y de volverlo hacer.
Momentos
de risas
y de reír con ganas
hasta llorar
de alegría
o hasta
que nos duela la tripa.
Momentos
de buen rollo
y humor
y de esos
en que
estás en paz
y te sientes bien libre
y no hay que hacer
nada,
nada más
que vivirlos.
Momentos
de agradable soledad
y grata compañía.
Momentos
tan, tan de corazón
que sienten
divinamente
al alma
y más que bien
y que mejor
al cuerpo.
Momentos
de sanísimas
locuras
y curativas chifladuras.
Momentos
de perder la cabeza
y encontrarla en su sitio.
Momentos
que valer valgan todo
y no se paguen
con nada
más que con el aprecio
y la cara de la felicidad.
Momentos
en los que uno ser uno,
uno mismo
con la naturaleza
y el mundo
y el universo.
Momentos,
momentos
y momentos.
Momentos.

La pulsera

Amor,
esta pulsera
de hilos de fresa y nata
y cuero
bien granate,
aunque es poco
lo es todo,
porque es
una pizca de amor
para siempre,
para siempre.
Amor,
este presente
de amable corazón
y cariños a mares,
aunque pobre,
es bien rico,
porque es
un gota de afecto
para toda la vida,
para toda la vida.