Archivos Mensuales: junio 2010

Reflexiones rotterdamesas

Por la ciudad moderna que nació de cenizas,
por la Torre Coopvaert o sus almas mellizas,
la de Schieland o Erasmus con urgencia, con prisas
he marchado al De Bijenkorf a comprarme camisas.

Y después al Trade Center que semeja, ¡qué risas!,
Iberdrola, la torre de Bilbao, con las brisas
he arribado al Black Office, otra mole, divisas
ha debido costar y unas cuantas sonrisas.

Las que tengo al llegar con zancadas plomizas
al Concejo de Rotterdam donde gentes “chorizas”
hacen buenas obrillas y si pueden las sisas.

Que en política, ¡amigos!, cuando se hacen pesquisas
enseguida aparecen cual las cuentas en Suizas
los amaños y apaños, ¡son las leyes, las guisas!

La escultura de la ciudad destruida

Del Museo de Boymans caminando a buen paso
he marchado al Museo, al Marítimo, al raso
he encontrado un buen barco, el Buffel, pero el caso
es que voy a destiempo, es que voy con retraso.

Para ver esta Rotterdam y me he parado acaso
en el más bello arte, en figurita a escaso
trecho que rememora bombardeo y atraso 
que sufrió esta ciudad por el mismo, un ocaso.

Que la ha vuelto moderna, cual moderno es, repaso,
esa mole, el Robeco, o aquella otra que un vaso
pareciera cortado por el medio, y “arraso”…

Al decir que es de Fortis Bank y dame en el naso
que allí mismo un museo, y me siento ya laso,
“es ser lo único en pie” que dejaba el bombazo.

Caminante en Rotterdam

Con la Torre Euromast a mi espalda he ido al frente
y he encontrado el Erasmus MC do al cliente
se le atiende de heridas y de males, es fuente
de salud, hospital, bien lo sabe la gente.

Cual bien sabe que el Hogeschool, que es colegio allí enfrente,
le prepara al alumno, le hace ser más consciente
de este mundo, de un mundo que requiere de agente
que lo cambie de abajo hacia arriba hasta el ente.

Mas me voy al nordeste, a instituto frecuente
de arquitectos que tiene, me lo dice la lente,
a su lado el Museo Boymans, tal se lo cuente.

Este autor de poemas que si inventa, no miente
y si yerra, le pide el perdón elocuente
y si acierta, es humilde de los pies a la mente.

Un paseo por Rotterdam

Yo por el Puente Erasmus caminando he pasado
raudamente, veloz, Hoge Heren, cuadrado
edificio, dos torres al de nada he encontrado
que se elevan al cielo, me he quedado extasiado.

Al mirarlas y luego Wereldmuseum llamado
he topado al poniente como al sur, casi al lado
el Real Club de Yates me ha dejado flipado
cuando he visto las velas como barco atracado.

Y he seguido hacia el norte para ver emplazado
el Kunsthall, un Museo y a su par enclavado
el Museo de Historia Natural, he gozado.

De verdad, pero el parque, do el silencio he escuchado,
con su torre Euromast, se lo digo cantado,
me ha dejado a mí en serio, me ha dejado planchado.

El Southbank

Con el gran Puente Erasmus a mi diestra, ¡lector!,
y la Torre del Sur en el frente, a babor
he encontrado el Teatro Luxor donde un señor
ha cantado de cine, era todo un cantor.

Como yo entre las bicis soy un buen peatón
que ha marchado al poniente, donde manda el guión
para ver rascacielos cuyo nombre en sazón
olvidé, New Orleans a su par y chitón.

Y haber hay otro al lado que se llama el World Port
Center, obra de Norman Foster que tiene don
de arquitecto, y muy cerca el Hotel Nueva York.

Con dos torres de techo verde, carilla opción
si es que piensa alojarse y venir, es mejor
que se vaya a un albergue o si no a una pensión.

En la orilla izquierda del Nieuwe Maas

Vuelto al velero el Nuevo Mosa, un río pequeño,
le ha llevado a esta alma de vascón, de norteño
a la islita del norte, do he dejado cual leño
esta vela que vuela siempre con rumbo al sueño.

Y en la isleta ya he visto un gran, gran Puente isleño,
el De Hef que se eleva si algún barco costeño
de tamaño se acerca a esta zona, y el ceño
hasta he subido y todo, es precioso, un ensueño.

Tanto como la Torre Mosa, tal el risueño
edificio, torreta Guillermina, el ingenio
de arquitecto es visible pues es su arte de genio.

Tanto cual el que tiene a su lado de empeño
ese Puente, el Erasmus que ya tiene un decenio
y es de cables de acero y esmerado diseño.

El estadio del Feijenoord, la torre de agua y la universidad

De Duisburgo en mi vela “La Vasconia” veloz
tras cruzar la frontera geográfica pon
que he llegado hasta Rotterdam, que es Holanda o mejor
los Países, los Bajos, no he probado el alcohol.

Todavía, y el barco lo he dejado, ¡por Dios!,
ante el Puente del Este, el primero, el guión
me ha llevado a mí al Feijenoord, al Estadio, cantor
he cantado un golazo, he cantado un gran gol.

Cual después en la Torre para el Agua mi voz
ha sonado con eco al gritar con pasión
Watertoren, su nombre, es preciosa, ¡lector!

Cual la Uni de Rotterdam do me he dicho español
no, un buen vasco de pies a la boina y adiós
pues me espera la urbe de poema y canción.

Pinceladas de los Países Bajos (II)

Tras tomar los Países Bajos Francia y llamar
a este tierra República, la Batava, a la par
el Congreso de Viena la hizo bien, el ganar
toda Bélgica, empero no llegaba a durar.

Ese logro y en tanto por sí se iba a librar
esa Bélgica, el todo se llegó a fragmentar
y venía Gran Guerra en la cual fue a luchar
todo el mundo, y no así esta zona de amar.

A la cual el mal Hitler ordenó conquistar
por la fuerza y la fuerza la logró doblegar
en la otra gran guerra de temer como odiar.

Mas después ya librada de ese malo mandar
puso el grano en Europa, y ella se fue a ligar
por las buenas, es buena voluntad popular.

Pinceladas de los Países Bajos (I)

Los Países, los Bajos por estar bajo el mar
fueron parte de Roma, aunque había al llegar
ya frisones y luego tras migrar y migrar
hubo franco y sajones, fue el primero a reinar.

Carlomagno, mas pronto el vikingo a robar
vino raudo a esta tierra que era ya un buen hogar
de duqueses y condes cual de obispos, mandar
mandó aquí el Carlos V y príncipe a la par.

Mas la guerra por ser libres íbala a dar
el Guillermo de Orange quien logró tras luchar
unir a todo el norte, buena Holanda hacia el mar.

Porque el sur que era Bélgica no se vino a ligar
a esa liga y en ella conseguía ordenar
el Felipe II, un hispano a rabiar.

Despedida Duisburguesa

Tras andar por Duisburgo llega el tiempo, ¡lector!,
de volver hacia el barco, “La Vasconia”, el mejor
de este mundo, lo es todo para mí y tal señor
me despido, hasta siempre, para mí fue un honor.

Caminar por tus calles, descubrir como autor
plazas, puentes, iglesias, oliscar buena flor
en tus parques, fijarme en el bello color
de las plantas, lo dicho hasta otra, un favor.

Tras andar por Duisburgo llega el tiempo, ¡mi oidor!,
de volver hacia el barco, “La Vasconia”, el mayor
para mí de este mundo, el partir no es peor.

Hacia Rotterdam donde ya le aguarda a este actor
otra historia, otro canto, otro acierto, otro error
pues la vida no es solo alegría, es dolor.