Archivos Mensuales: enero 2010

Los 25 puntos del Programa Nacional-Socialista (I)

De aquél Partido Obrero Alemán fue el programa,
¡del de la Austria! que luego su entidad cuasi hermana
Nacional-Socialista lo copiaba y proclama 
en Hofbräuhaus, en Munich Adolf Hitler sin gana.

Pues al líder patriótico, al que tanto le inflama
el país, Alemania o Germania paisana
la vertiente de izquierdas no conviene, le escama
y llegado al poder se olvidó de esa plana.

El primer punto hablaba de formar la gran dama
pangermana y en base al derecho, ¡aquí hay lana!,
de tomar decisiones por el pueblo que él ama.

El segundo igualdad entre patrias, ¡que es sana!,
y abolir los tratados de Versalles… reclama,
¡en tal par casi estaba ya la guerra y diana!

De la Bürgerbräukeller a la Hofbräuhaus por Maximilianstrasse

Del hogar de la birra y del Putsch muniqués
he ido ya al norte al bávaro Parlamento de diez
que da al buen alumnado de la Uni a la vez
la completa pensión, ¡estudiar de marqués!

Y al ocaso por vía de gran lujo burgués
al Museo Etnológico que atesora tras tez
de la qué y Norteamérica el que ha más vejez
kayak, una reliquia, ¡todo pueblo la es!

Cual enfrente la Cámara del pasado y revés
aliado en la guerra y a unos pasos, ¡pardiez!,
el Teatro de Múnich, ¡cuando vayas lo ves!

Que yo voy a la casa Hofbräu, ¡cosas de sed!,
donde hacían cerveza para el Rey y otros tres,
a pedir jarra o Humpen y salchichas de usted.

El que iba a abrir fuego y acabó guillotinado

A pesar de que Hitler sufrió entorno a cuarenta
atentados o intentos, no es lo mismo, no renta
igual fueran de antes… o iniciada cruenta
guerra o ya al final, no se engañe, no mienta.

Así un suizo, Maurice Bavaud, no en los cincuenta,
en el mil novecientos treinta y ocho se menta
que estudiando en Bretaña teología le tienta
la que fue Compañía del Misterio, le alienta.

El que fuera su líder, de la estirpe o lo inventa
Romanov, al decir que sin Soviets él cuenta
para Zar, que ayudaba si es que a Hitler le atenta.

Y compró en Basilea la pistola violenta
y he ido a Múnich al santo de aquél Putsch va y se sienta
en la grada, a disparo no lo tuvo ni afrenta.

El del atentado en la Bürgerbraükeller (II)

En el mil novecientos treinta y nueve a finales,
pues el Putsch fue en noviembre, ¡quedaría en anales!,
decidía Georg Elser para sí, sus cabales
atentar contra Hitler y demás infernales.

Preparando una bomba con reloj cual fatales
por sí mismo con horas y trabajos manuales
que escondió en la taberna a hurtadillas diales
esperando el momento, los segundos finales.

Que avistó, pero Adolf ya en sus guerras mundiales
acortó su discurso y por tiempos causales,
diez minutos, salvaba sus esencias vitales.

Hubo muertos y heridos y el autor de esos males
en Constanza, a un suspiro de la Suiza, ¡casuales!,
era preso, en Dachau acabó tras penales.

El del atentado en la Bürgerbraükeller (I)

En el mil novecientos tres de estirpe corriente
en Hermaringen Georg Elser, luego valiente,
nacería y de joven de un trabajo al siguiente
fue hasta dar en la fábrica de unos nazis su ente.

Allí vio hasta el programa de rearme indecente
y que Hitler que hablaba de la paz era al frente
do llevaba a Alemania, con lo cual él consciente
comunista pensó en matar a ese agente.

Y a la vez a otros líderes del partido gerente,
a los más predispuestos a la guerra pues siente
que así hombres y de paz llegarían al puente…

Y creyó que era Múnich, do el Nazismo anualmente
en la casa de birras celebraba el Putsch, ¡gente!,
el lugar apropiado a tal fin resistente.

El comandante de las SS… (II)

Richelieu de Adolf Hitler, Heinrich Himmler, llamado
el maestro entre nazis, el terror del Estado
que ordenó fuere austríaco Canciller acabado
o en Polonia un barrido nacional fue un malvado.

Que tuviera los campos de exterminio al cuidado,
decretara eugenesia “como Esparta”, el obrado
Holocausto y en Posen informara de estrado
de ese horror a los mandos y el secreto guardado. 

Quien obrara las fuentes de la vida, el preñado
de las arias por arios y dijere a lo osado
de SS, no el mono, vendrá el Hombre, ¡un pasado!

Que Adolf Hitler a muerte condenó él ausentado
al saberle traidor pues trató de callado
una paz por su cuenta con el bando aliado.

El comandante de las SS… (I)

En el mil novecientos en el Múnich, Baviera
Heinrich Himmler nacía, a quien joven le apena
no servir en Gran Guerra por miope, siquiera
estudió agronomía en tal tiempo de pena.

Y en la liga, la Kampfbund, con el grupo bandera
de la Guerra del Reich tomó parte en la escena,
en el Putsch de la casa de cerveza y cantera
del partido sería y del mando cadena.

SS, camisa negra, suya fue entera,
la SD, inteligencia, la Gestapo y sirena
e Interior, era el Rey de secretos, ¡la fiera!

Que a que Röhm, monarca de Baviera, cual suena,
y de las metralletas, coadyuvo a que cayera
en la noche siniestra de cuchillo a la vena.

El Putsch de Röhm o la Noche de los cuchillos largos

En el mil novecientos treinta y cuatro a la vista
de la SA, Röhm ya pasaba revista
en millones a tres y la Reichswehr guerrista 
a cien mil ¡por Versalles!, hubo noche extremista.

Pues ya fundado o no que ese tal terrorista
recibía de Francia francos por ser golpista
contra Hitler armaban este y gente nazista
una purga en tal cuerpo y oponente a fascista.

Más de ochenta morían y dos mil de la lista
negra fueron presados, Adolf dijo charlista
que ordenó disparar al traidor activista.

Y aprobaba una ley de defensa estatista,
del Estado advirtiendo al futuro ensayista
de que el premio la muerte iba a ser, ¡alarmista! 

El comandante de las SA (II)

Entre Hitler y Röhm ya alcanzado el poder
el Nazismo hubo choques por llegar a querer
Ernst fuera la Reichswehr con sus armas a ser
de las fuerzas de asalto, ¡la SA y a correr!

Y también porque el dicho nacional por doquier
se decía de izquierdas, socialista primer
y creía que aquél no llevaba a postrer
el programa político del obrero y taller.

Y era cierto, aquél Adolf no quería perder
de la clase pudiente ni el ejército, a ver,
el apoyo que hiciera gobernara a placer.

Y lo fue, fue en la Noche de cuchillo… a prender
y ofrecerle el suicidio o el verdugo, ¡qué hacer!,
responder ¡Hitler mátame!, le mataba un cualquier.

El comandante de las SA (I)

A unos años del siglo veinte en Múnich, Baviera
nacería Ernst Röhm, quien a Gran Guerra fuera
y de vuelta en los Freikorps con fusil reprimiera
la República bávara, la soviética entera.

Y alistado al partido hitleriano se hiciera
parte activa en el Putsch muniqués y que viera
la prisión y ya libre demostrara manera
ayudando a rehacer esa fuerza tan fiera.

Igual que antes formara la SA, se fue afuera,
a la Guerra del Chaco de asesor, su carrera
era la vida de armas, no política mera.

Al volver la República Weimariana le espera
en sus filas, mas Hitler le pasó la bandera,
dirigir a las fuerzas del asalto, ¡su esfera!