Archivos Mensuales: octubre 2009

Descaro

La guerra siempre es guerra, la paz jamás es paz,
hay lucha en toda calma, calmar no do luchar,
reposo quiere el pueblo en campo tal ciudad,
empero quien le manda matar, matar, matar.

Arriba pues la muerte, arriba el zas y zas,
abajo gritan alto la vida con champán
y un, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete y ocho y más
del llano, claro, el llano se van, se van, se van.

Al cielo o bajo tierra, por qué, por ser capaz
de armado ir hasta el frente por otro, pues armar
es cosa, mala cosa de quien quedó detrás.

Sentado tras la mesa de precio cual costar
la sangre, sangre pura que gota a gota dan
diez, once, doce, trece, catorce, quince, un mar.

Al ser no tenedor

A ti, hombretón de plata, a ti, hembrilla de oro,
tal poeta del pueblo, del que sufre el gran robo,
por ser ricos os digo que ni os quiero ni adoro
y os querría si fuerais pobres, mas con decoro.

Y a ti, falto y escasa, y a ti, lágrima y lloro,
que te anhelo te apunto sin tener ni un ahorro
y si hubieras dinero, de pirata tesoro
no podría anhelarte, me sería un engorro.

Porque yo amo el ser, ser ese ser que valoro,
no un tener que no vale, que no escucha el socorro
que le lanza este mundo con un grito sonoro.

Luego queda ya escrito cual por mi por el coro
para blanco el cordero, para oscurito el zorro
y para verde el campo o las plumas del loro.

Descorazonamiento bienaventurado

Hubo un tiempo, hubo entonces y un espacio, un lugar
para mal, para bien, para bien, para mal
que era el todo tal era, que era un ser y un estar
la natura en sí misma, natural natural.

Pero vino, ay, el hombre y mujer, ese par
con dos pies y dos manos y un latido plural
que pensaba y pensaba y volvía a pensar
del final al principio, del principio al final.

Y fallaba, evidente, no llegaba a acertar
la razón de las cosas porque el ser racional
no es posible olvidando que el amor es amar.

A cada una, una de ellas como son, ni una igual,
igual a otra, mas todas, todas son empezar
y acabar algún día en la nada total.

Persistentemente

La paz, la paz, la paz, no sé, no sé qué es paz,
quizá jamás lo sepa, quizá, tal vez jamás,
si nunca, ¡Dios!, la he visto, si nunca vi esa faz
que busco, busco y busco aquí y allá y demás.

Ayer, hoy cual mañana, pasado, en toda edad
y ser, caray, ser libre, poder ser, ya sabrás,
yo, tú, aquél como aquélla amor, amar, ¿verdad?,
al otro y otros y otras y más y más y más…

Usted, vos, hombre o dama ¿no quiere tal bondad?
¿La paz, ser libre, amor, amar de ras a ras
doquier, doquier, doquiera? ¿No siente tal solaz?

¿Acaso es un buen sueño, un tic, un tac, compás?
¿Un son, sonar por dentro, sonido, ton vivaz
que siempre, siempre, siempre, siempre, siempre lo oirás?

De “mercancías” y mercancías

Del que fuera el mercado de abastillos gigante
y en la guerra mundial secundaria alarmante
el lugar en que el nazi congregó al judaizante
a llevar a los campos sigo rumbo adelante.

Hacia el puerto del este frankfurtiano boyante
con sus vías de tren, los containers, mercante
y en la entrada el gran cuerpo de bomberos flotante
que hace nada salvaba a este ser navegante.

Que fortuna ha tenido pues, ay, en ese instante
por allí patrullaba esta gente garante
sobre todo de muelles y la flota operante.

Que el abrigo de barcos, bien lo sabe estibante,
es lugar de faena y una chispa brillante
puede echar por la borda el negocio y contante.

Despistas, frankfurtiana, despistas

Al cruzar con mi vela por el puente ferroso
y pasar por la Torre de Pensiones airoso
he encallado en la isla pues miraba meloso
a una bella alemana, un descuido piadoso.

Que al tirar la candela ha causado fogoso
un incendio en la nave que un barquillo glorioso
de bomberos de casco rojo y blanco, brioso
ha apagado, doy gracias, no fue nada enjundioso.

Sigo pues con mi rumbo y allí veo precioso
de columnas corintias, frontón, puro y lanoso
el hogar literario, biblioteca de ocioso.

Y el Main Plaza, una torre cual cañón herrumbroso
y el mercado que fuera, donde irá en sí el celoso
Central Banco Europeo, rascacielos coloso.

Adiós, Frankfurt, adiós

Embarcado en mi nave y en faena de levas
con el viento del norte resoplando en las velas
por el Meno, la arteria frankfurtiana y las penas
en el alma navego rumbo ya a otros poemas.

Y allá veo el museo de esculturas longevas
cual allende el judío, Nueva Ópera, estelas
y el Convento de monjas carmelitas que buenas
a la Virgen del Carmen de pulmón cantan lemas.

Como yo que es patrona de marinos las nuevas
de familia le ruego sean gratas, no esquelas
y un buen viaje con soles y entonar de sirenas.

Y otro tanto a Leonardo y vidrieras supremas,
¡dad aliento a mi tía que por humos y brevas
necesita aquél órgano de unas almas gemelas!

Consulta germana

Por la orillita izquierda frankfurtiana al velero
ya de vuelta yo he visto de remera y remero
un gran club, el Germania, que en el mundillo entero 
se ha hecho un nombre, en el remo campeón hubo fiero.

Que me sirve de excusa por contarle sincero
que Germania es allende de una patria de acero…,
es el símbolo en carne de la misma y sin pero
representa a este pueblo alemán cual guerrero.

Con su espada, corona imperial, caballero
el escudo, melena rubia, orito aceitero
como un águila negra en el pecho, en tal fuero.

Un emblema patriótico de un país al que quiero
recordar que en su historia el nazismo y su “clero”
no es la regla, ¿excepción no es horrenda?, le inquiero.

En el MuseumsQuartier frankfurtiano

Del Museo del Cine Alemán, del cinema
que en su tiempo los nazis controlaran y antena
al buen Museo Städel que viviera el problema
del confisque de obrillas me he acercado, ¡qué pena!

Pues el régimen, Hitler para el cual anatema
era el arte moderno…, degradado, obra obscena
lo prohibía y con saña persiguió por sistema
toda muestra del mismo, no salía a la escena.

Fuere son o pintura, escultura o poema…
a no ser como en Múnich… que el Nazismo, tal suena,
exhibió esas corrientes como cosa blasfema.

Porque el gusto era entonces de romano y helena
y el artista debía enseñar la suprema
vidilla aria, la fuerza y pureza en la vena…

De película

Admirada la Torre, la de Goethe y madera
en el bosque de Frankfurt y después orillera
como gótica iglesia, protestante en ribera
me he acercado a la zona de museos doquiera.

Para ver el de cine alemán cual por fuera
por adentro y contarle que el país vivió era,
la de Hitler con film nacional, taquillera
cual el “NODO” en la sala de primera a postrera.

Tal camión ambulante y que hacía bandera
al llevar ese medio a la villa campera…
y la idea a las mentes: Alemania es la fiera.

Y de mientras fijar la atención de cualquiera
no en las bombas que entonces ya causaban hoguera
o en la guerra, ¡hoy en día otra tanta hay manera!