Archivos Mensuales: septiembre 2009

Memorias familiares en Maguncia

De la Holzturm que está donde antaño el mercado
de madera hacia el norte caminando yo al lado
del buen Rin di al moderno Consistorio apenado
porque ver pétreo busto sin querer he olvidado.

El de Gutenberg ante su museo logrado,
pero una vez que enfrente de aquél yo me he sentado
a tomar una Bratwurst y ya he dicho salado
Bier von Fass, cervecilla de barril, se ha pasado.

Con un Prost, Prost, ¡Salud!, que a mi alma en sí ha evocado
el Txotx, Txotx, Txotx, sagardo y un buen talito armado
de txistorra de Euzkadi o un buen biriki amado.

El grasiento chorizo que el pulmón más cuidado
y otras partes del cerdo, sin apenas curado,
en sus tripas envuelto sabe a gloria, es sagrado.

La Holzturm maguntina

De la Plaza de Schiller con broncínea escultura
de doscientas… imágenes, carnaval en figura
de bufón, arlequín, militar y hasta cura
a San Juan, a la Iglesia más antigua he ido y pura.

Y después por la vía, la del Rhin sin premura
a una Torre llamada de Madera que aún dura
en pie como un recuerdo de muralla y factura
de arte gótico goza y seis pisos de altura.

Cual ventanitas de arco apuntado y si apura
juraría por Dios que he avistado en la albura,
hacia el este, en el Frankfurt rascacielos, ¿locura?

Puede ser más si yerro, vos tome esto a cordura,
no me encierre en lo alto de esta hermosa estructura
que fue puerta, atalaya y prisión de diablura.

El Mainzer Fastnacht

Caminando del norte, de las dunas de arena
con dos torres de ochenta metros con mucha antena,
rascacielos son ciento y cincuenta tal suena,
como guía he llegado a un museo que llena.

Corazón de alegría, quita al alma la pena
porque allí, oiga, se expone la costumbre, faena
maguntina de hacer carnaval y verbena
sin que falte cerveza… ni la crítica buena.

Que comparsillas de hombres y mujeres, veintena…
con sus gorros y máscaras y vestidos de escena
militar… y gigantes de cabeza hacen plena.

Sobre todo los “tontos” de tribuna que truena
al lanzar y en versito burla, sátira amena
cuyo premio es la risa que contagia a la ajena.

De la tierra sin vida a la vida sin tierra

Al ocaso en Maguncia una vez visitado
camposanto, necrópolis, el hogar del llorado…
y sentirme entre muertos vivo, triste, apenado
en la Iglesia con torre cual Aránzazu he orado.

Y al salir de esa Casa del Señor mal aspado
en, ¿do?, y la Uni de Gutenberg, en el foro sagrado
del saber de su busto hecho en piedra, tallado
y el jardín de botánica y el silencio he gozado.

Y las plantas y flores que un amor entregado
a ese mundo de notas de color y aromado
para bien del planeta con su mimo ha cuidado.

Pero al ser de natura yo salvaje, en su estado
he ido al norte por ver un terreno adunado 
como el bosque de arena, el milagro esfumado.

De la bodega Kupferberg al cementerio de Maguncia

Con el gusto del vino espumoso en la boca
y la gran colección, la mayor de la copa
de champán en el mundo en el ojo y la bota
presta para marchar he encontrado a la doña.

Torrecita Alexander, medieval, pura roca
circular con troneras para tiro a la tropa
como un techo apuntado, de pizarra y de gota
o de agüita, molino y arsenal fue, ¡hay Begoña!

Que no es pública hoy día, que es privada, de poca
gentezuela, no así la estación que va a Europa,
la de tren que las bombas la querían bien rota.

En la guerra de Hitler… que a sección ya bisoña
como a más veterana envió, ¡guerra loca!,
a matar o al de ocaso camposanto que topa.

De la Schillerplatz maguntina a la bodega de Kupferberg

Tras brindar junto a Schiller por Vasconia, ¡salud!,
con el típico vaso, la varilla y agur
y avistar las estrellas de la sátira, mus
casi pido ante el perro de la pasma, ¡ante un full!

De rabiosos, de bóxers que ladrando hacia el sur
de la plaza custodian el barroco, ¡hay Jesús!,
palacete que hoy día es la sede, el baúl
de las fuerzas armadas alemanas con cruz.

La de Hierro que impacta con más fuerza que obús
visualmente al igual que esas casas de azul
la techumbre y rosácea la fachada y virtud.

Mas no soy barroquista, rococó…, soy tahúr
de la lengua y ya seca mi garganta gandul
al ocaso a barrica voy de vino, no al sud.

Evocaciones de un vascón en Maguncia

Con la ayuda de un ciego y un pastor alemán,
contra el lobo, la droga, explosivo… eficaz,
como el Euskal artzaina en el campo leal,
he alcanzado la plaza del von Schiller sin par.

Que llevara a Guillermo Tell… al verso galán
y que está sobre un mármol belga en bronce y con paz
cual un librillo abierto en su mano y vial
junto a casa barroca de la Francia, juglar. 

Un palacio aristócrata cuyo fin, cuyo plan
es guardar la cultura y la lengua vivaz
del francés y acercarlas al buen germano actual.

Como aquella figura con color de soplar
vaso y vaso… y barriga txikitera es guardián
del beber en cuadrilla y del blanco local.

En el corazón de Maguncia

Tras poner una vela maguntina en las ruinas
de la Iglesia de Christoph por las victimas sidas
en la guerra de Hitler…, allí al lado, ¡alucinas!,
escultura hay de Gutenberg con la prensa a embestidas.

Cual la casa do el genio expirara, adivinas
que yo me he ido seguido con sus placas leídas
a Marktplatz pues al este entre casas divinas
un palacio hoy alberga su museo, imprimidas…

Y ya ojeado el mismo, a occidente, de oídas
he llegado al Teatro, al de Estado y retinas
se me han ido a cincuenta grados norte de huidas.

Pues baldosas indican latitud a las finas
y después a otra estatua de ese hombre que a las idas 
y venidas la imprenta inventaba o las Chinas.

De Christuskirche a lo endiablado

Al volver de la Iglesia del Humano y Divino
hacia el buen casco antiguo de Maguncia en sigilo
cuando topo en la vía del mercado del lino
la Iglesita hoy en ruinas de Cristóbal cavilo.

En los tres mil judíos que acá hubiere y rabino…,
muchos muertos a manos del nazismo, al asilo
escapados o a campos de trabajo cansino
y exterminio llevados, y también en pupilo.

Que una penita inmensa siento por el camino,
de verdad, pero tiene tal certeza otro filo
que lacera mi ánima de vascón y marino.

Porque pienso en los raids y en el kilo y el kilo
de explosivos y en ciegos bombardeos sin tino
que arrasaron la polis, la pusieron en vilo.

Del Románico al Renacimiento pasando por lo Gótico

Ya catado el Mainz Ham, el jamón maguntino
que recuerda al Bayona, con la espuma de un vino
en Markplatz, tras pilar con un casco felino
de gladiator disfruto Catedral, ¡qué divino!

Su esqueleto románico, planta, cruz de latino,
en las nubes seis torres, el color carmesino,
arcos de medio punto, de herradura, de espino…,
rosetones, relojes, lo claustral y el vecino.

De San Juan, pero al gótico San Quintín rosalino
con vidriera, ajimez, contrafuerte y, termino,
torre y nave cuadrada me ha llevado el camino.

Y seguido hacia el norte hasta Cristo el destino,
a su clásica Iglesia, renacida, con sino
y evocadora cúpula al Loyola muy albino.