Archivos Mensuales: junio 2009

En el Panteón parisino

La divina república ginebrina hace años
el refugio político y la imprenta de gallos
de la pluma, la Roma protestante a caballos
de su par de orillitas ocho puentes ha hogaños.

La del sur Gran Teatro goza y evoca antaños
en los cual al Voltaire, preso por sus ensayos
en Bastilla, imprimían una épica, ¡qué apaños!
del primer rey Borbón de la Francia, ¡mil rayos!

Dramaturgo en el Londres y Berlín, entre extraños
tolerado algún tiempo y en Ginebra tres mayos
porque era ser pastor, no seguía rebaños.

El poeta que cándido memorando los fallos
calvinistas, quemaron a Servet, y otros daños
se ganaba enemigos, curó en Ferney desmayos.

Jean-Jacques en la carta náutica

Lago Léman al sur, donde el Ródano parte
hacia Francia y Marsella he la islita delante
de Rousseau, del filósofo, como su estatua de arte
pues nacía en Ginebra este libre pensante.

Que tomada conciencia de su esencia, el baluarte
ginebrino de ideas cual el buen río errante
lo dejaba y llegaba a ese lago, a ese aparte,
de Annecy y ya en Lyon se volvía enseñante.

Quien ganaba a Paris con discursos de aparte
pero, ¡ay!, ¡ay!, ¡el Contrato cuando hay reyes delante!,
o el Emilio, si fe, voluntad, contraparte…

Môtiers, Prusia, Inglaterra le aguardaba o el guante
y volver con sus flores casi al Campo de Marte,
confesar y tomar la Bastilla de avante.

En el Cementerio de los Reyes

Con la gran fuente de agua cual la torre de luz
ginebrina y el puerto ante mí y la quietud
en el Léman al Ródano veo claro al trasluz
dividir la ciudad en el norte y el sud.

Notre-Dame a la diestra, a la izquierda la cruz
de Saint-Pierre tal el templo l\’Auditoire do virtud
protestante Calvino predicara, ¡Jesús!,
y la sabia academia que fundaba, ¡salud!

Con su fe que en Ginebra abrazó multitud
y expulsaba al Obispo y después la inquietud
en persona a Juan mismo, que a Estrasburgo fue obús.

Y en tres años tornara a esa tal latitud
a implantar la República Teocrática, ¡alud!,
y llevar la Reforma hasta ver su ataúd.

La Genève internacional

En las olas del Léman, con Versoix hora atrás
y en la proa Ginebra, un Durango, algo más
en terreno, el Saléve cual Amboto detrás
sobresale y un ala delta y globo de gas.

Tal la Crét de la Neige a mi espalda y al ras
de la orilla el Palacio de Naciones, falaz
su pasillo de enseñas, si ikurriña y demás
no flamean al viento, ¿me equivoco quizás?

¿No le falta una pata a esa silla, verás,
cuando cinco potencias son la ONU y asaz
tienen voz, tienen voto, pero el veto jamás?

Mora allá la política, la Cruz Roja en by-pass
y la OMS, la UNICEF… y la labia locuaz,
pero el mundo ni es libre ni hoy es justo ni hay paz.

Rumbo a Ginebra

La Lausana a mi estela que fue celta y romana
al igual que asolada por la lanza alamana
y Obispado en su tiempo o por Berna mediana
fue después protestante, no es igual luterana.

Reformista de Ulrico, tal Erasmo muy humana,
libre como la Suiza y tal ella hasta enana
cuando aquél Bonaparte con su Francia tirana
la República Helvética dijo mía mañana.

Y una, chica y francesa, pero en Viena de plana
nuestra Europa sin turcos dio la vuelta campana
y volvió a los cantones federados y aduana.

Que unos eran católicos, los de Tell y manzana,
Zúrich, Berna, Schaffhausen… de protesta, diana
sonó para los suizos neutros, patria fue llana.

Quince millas en el lago ginebrino

Con mi casco y mi vela en el Léman y el viento
del Mont Blanc a mi espalda, en Chillón boquiabierto
me ha dejado un castillo medieval del que asiento
que ahora vieron mis ojos con sus torres cubierto.

Y que ante la Lausana echo el ancla y no invento
que ha picado el de Ouchy a mi cebo en el puerto,
la belleza olímpica del museo, algún huerto,
una vid de terrazas y en la falda un momento.

Catedral exquisita, capiteles de cuento,
la gran torre Bel-Air, tribunal, a que acierto,
cantonal y hacia el este federal, Suiza es ciento.

Los palacios preciosos, facultad de despierto
y en lo alto el aeródromo cual el vuelo bien lento
de un buen globo y un “zeppelín” sobre el agua a concierto.

El boomerang de agua

Al levante de Francia, suroeste de Suiza,
entre berneses Alpes y montaña caliza
de los Jura el gran Léman, invertida una risa,
es de Europa Central el mayor y de brisa.

Si es del norte o si baja de la cima con prisa,
fría, y seca, si sopla desde el sur o a cornisa
la encarama el calor que a su modo, a su guisa
crea mares de nubes sobre el lago, va a misa.

O que el buen río, el Ródano, tal le presta le sisa,
que en Ginebra altamar en Lausana es deprisa
bajamar, y al revés, o que el clima le avisa.

Del verano que a rayos cual deshiela hace triza
los peñascos helados que lo aumentan aprisa
o de inviernos quizás que moldean banquisa.

Mi tocayo Wilhelm

Con la isla de Lindau en el lago Constanza,
su león de Baviera y su faro cual lanza
en mi alma y en Suiza un Guillermo de andanza
menester es trovar sobre Tell, su enseñanza.

Pues aquella ballesta que mudara semblanza
al saber que de Austria le mandaba ordenanza
disparar una flecha sin causar la matanza
de su buen hijo encarna cantonal la alianza.

De Uri, Schwiz, Unterbalden a la muy antigua usanza
y Lucerna… en las aguas que hoy abrazan cual panza
a su cráter materno, era solo esperanza.

De unos hombres, mujeres que ante la gran balanza
de ser libres o esclavos por amor, no venganza,
a la patria se armaron y hallaron la libranza.

El Rhein innavegable

En el este de “Helvecia”, el cantón los Grisones,
allá por Riechenau, los dos ríos menores,
Vorderrhein, Hinterrhein al tramar sus uniones
son la fuente del Rin, Rin palabra de honores.

Que en Vaduz, ya en el Liechtenstein, do es el rey y mojones,
al castillo real de monarcas señores
en la orilla derecha, en peñasco a visiones
lo presenta y da al Lago de Constanza dulzores.

Que Alemania, Austria, Suiza, poderosas naciones,
lo comparten y al nauta que a las aguas ha amores
como a vientos consiente izar vela o pistones.

Pues ya donde desagua, por Schaffhausen rumores
de una gran catarata estremecen, ¡qué sones!,
y lo impiden ya hasta Basilea, “lectores”.

El Rhein

Por la Europa Central, en los suizos o helvéticos
Alpes nace un gran río de marinos homéricos
que acaricia a Liechtenstein, a la Austria, a los épicos
alemanes, franceses y holandeses genéticos.

El cual junto al Danubio en los tiempos no helénicos
de la Roma imperial fuere, igual de estratégicos,
la fronterita de agua, que hoy el Main con sus métricos
cubos une y dos mares, Norte y Negro, ¡qué bélicos!

Es el Rhein quien por medio de canales auténticos
liga al Sena, Elba, Ems, Ródano… que lo llevan, ¡angélicos!,
a París y a Berlín y a dos mares coléricos.

Al de Wadden y al Nostrum, y si apuran cual técnicos,
hasta al Báltico, al Rin, quien por sí, sin eclécticos
llega a Rotterdam y Ámsterdam queda a grados poéticos.