Archivos Mensuales: julio 2008

Demosofía Política

Mala prensa ha Vasconia, la vascona, el vascón…
porque España ni Francia dan luz verde a nación
que no sea española o francesa de opción
voluntaria y querida, que no sea elección.
Consentida y amada por el pueblo-opinión
que de ser consultado sobre unión, desunión
con hispanos y francos clamaría escisión
de primeras, segundas o llegada ocasión.
De romper ataduras, de decir con pasión
somos vascos y vascas de tomar decisión
libremente y en paz, sin confines, coacción.
Cuando habla la gente, cuando pasa a la acción
de palabra y de obra y contesta cuestión
demosófica pura, lo demás es ficción.

Verdades a tiro

Mayoría la somos, pero dicen que más,
porque Euzkadi no manda, es Madrid, Satanás
quién no da la palabra al vascón y además
prepotente le niega, ¡dictador, mandamás!
Que provocas al pueblo vascoamante y capaz
del hacer por sí mismo, sin tener capataz
que le ordene y fustigue, le arrodille y al ras
y a la altura del suelo le susurre: “Jamás
verás bajo mi mando el plantón libertad
crecer sano y entero, ni aunque seas audaz
y te subas al monte a buscar esa paz.
Que si encuentras perdida he de ver yo ciudad,
capital, el Estado, el altar, majestad
o abreviada su anchura, su rudeza, su faz.

La arquería

Uno sólo no puede, solitario, lograr,
aunque mucho se esfuerce, el hacer del amar
personal colectivo, si no laten al par
corazones de otros que se acercan a dar.
Al conjunto sus pálpitos, al nosotros sonar
compasado y sentido y quizás el jurar
amor tal fijo vivo, amor hasta acabar
dando todo en la vida hasta al fin expirar.
Con el alma y el cuerpo sin dudar, vacilar,
porque cuando has amado no se llega a librar
un sentimiento amargo ni picante pensar.
Ni en amado ni amante, ni en el arco o flechar,
pues no duele la flecha, ni siquiera al pinchar,
lo que hiere y te mata es tensar sin soltar.

Sinceradas

Si me hubieras contado una vez la verdad,

la molesta y dañosa con total frialdad,
enseñando en los ojos la piedad y bondad,
el perdón te daría por cualquier crueldad.

Te daría, mas lástima, lo que veo es maldad,
en tu habla y mirada, más allá del disfraz
en que escondes el alma mentirosa y falaz,
urdidora de embustes y hervidero mendaz.

Del que manan falacias de manera rapaz
que me quiebran por dentro, que me vuelven capaz
de luchar puño en alto defendiendo veraz

el valor de una causa transparente y tenaz,
sabedor de que siempre la belleza y beldad
es mitad verdadera, es mitad libertad.

Planear valentísimo

Por querer ya no quiero ni mi ente ni mi ser
elevado hasta el cielo, si después al caer
lastimado y dolido se me impide volver
a tomar novel vuelo y quizás recaer.
Para alzarme de nuevo con más fuerza y poder,
la ilusión renovada y el afán de vencer
ese miedo sentido que parece roer
mi entrañita llegada la ocasión del hacer.
Que el plumaje y las alas aleteen y haber
en el aire que verlas su vibrar, su mover
a intervalos el viento, entretanto ascender
con corriente caliente y con fría perder
poco a poco la altura, decaer, descender
y posarse en el suelo y volverse a atrever.

¡A trasplantar!

A quién quieren que cante, si no es con amor
a la patria que tengo el placer y el honor
de servir desde el día en que viera el error
de no haberla entendido cuando era un menor.
Inocente e incauto, sin conciencia ni ardor
por entrar en política a entregar lo mejor
de mí mismo a Vasconia, cuerpo y sangre de loor,
a sabiendas que a cambio obtendría el dolor.
Conocido en la lucha por el pueblo pastor
de los vascos y vascas, resistentes cual flor
con raíces de piedra, con el talle de humor.
Y los sépalos verdes, petalito de olor
“liberteño” y rebelde, por el otro color
escarlata y el último de blancor y blancor.

Ensuéñese a sí…

Han probado de todo y más por acallar
la conciencia vascona que se empieza a elevar
del dormir a deshoras, del dormir y anhelar
el se cumplan los sueños que de tanto soñar
quedan tal cual imágenes que no es fácil ligar
unas y otras debido a su raudo viajar
por el tiempo inconsciente que acostumbra a acabar
al abrirse los ojos y volver a empezar
otro día enterito esperando el llegar
del ensueño de nuevo y de nuevo ensoñar
que podemos ser libres con tan sólo avivar
las cenizas soñadas que con fuego apagar
averigüe quién trata, que no puedo narrar
entre usted y lo onírico lo que deba pasar.

Contratos idos y venidos son cuatro

De qué sientes tú miedo, si te deben temer
por el ser como eres, un vascón de querer
que a la patria, a Vasconia, que la quieren perder,
todo dios, todo el mundo reconozca su ser.
Nacional, soberano, su ella ordena y poder
a sí misma mandarse, a sí misma deber
obediencia y a nadie como a nada tener
por la fuerza, sin ganas ni deseo el haber…
De cumplir su palabra, pues la suya has de ver
respetada, cumplida, hoy, mañana y ayer,
por los vascos y vascas, por cualquiera y cualquier.
Que se diga demócrata, que chulee de hacer
de la voz de los pueblos, ya doquiera y doquier,
un contrato que sólo ellos puedan romper.

Expropiadores y expropiados extra-piadosos

A la vida venimos sin poder opinar
si queremos ser vivos o en la muerte quedar,
mas una vez ya activos no se puede dudar
cada cual por sí mismo si es capaz que ha de dar…
Parecer y dictamen, lo demás es forzar
voluntades vitales que ni Dios debe osar
suplantar y ponerse en el día y lugar
de quien suple, en tal caso es moral acabar…
Con suplente y suplencia que pudieron optar
por dar vida a la vida o llegarla a matar,
por lo cual no se diga ni se intente alegar…
Contra quien han matado, si decide ultimar
propiamente la impropia y llegarse a apropiar
de la propia expropiando tras aquél expropiar…

Pesar vitalicio

Dictadores y autócratas de esgrimir sinrazón,
qué pecado he criado capital, sin perdón,
cuando tengo ganado por mi amor de Nación
de Vasconia la luna, de Durango Plutón,
Y por qué soy mermado, no lo entiende Platón,
por diezmares malsanos que agua-dones sin son
a diario maquinan por la espalda, a traición,
zahiriendo mi vida y el tan buen corazón.
El que llevo aquí dentro que palpita dolor,
cristalinas dos lágrimas, sin sabor ni color
y cogidas de aire y también un temblor.
Que recorre mi cuerpo cual si fuere un tractor,
levantando en mí el odio donde había una flor
con los pétalos blancos y fragancia de albor.